jueves, 19 de agosto de 2010

Eva al desnudo

Acercarse a una película de 1950 con la seguridad de que no te va a sorprender porque, quien más quien menos, ya conoce el argumento, puede ser un gran error, pero creo que a mí es lo que me ha hecho valorar de verdad Eva al desnudo (All about Eve). Cuando pensaba que iba a ser una historia lineal en la que suponía que la interpretación actoral era el argumento donde se asentaban las maravillas que hablaban de ella, me he encontrado con una historia en la que el final ya se sabe de antemano pero que introduce muchos aspectos del cine que se han desarrollado muchos años después.

Así, me ha gustado sorprenderme a mí mismo extrañándome de los giros del guión y recrearme con la precisión de algunas de las escenas comprobando como los exteriores apenas tienen cabida en la consecución del objetivo, desenmascarar la envidia y la avaricia. Por cierto, el final, que evidentemente no contaré, me ha parecido sublime con esa forma de enlazarlo con el principio...

martes, 17 de agosto de 2010

Revoluciones individuales

No creo en las revoluciones individuales. No creo en la existencia del individuo como algo aislado en un ecosistema mucho más amplio. Ni que en el mundo vuelva a haber un choque entre dos sistemas diferentes. Tampoco creo que vuelva la Primavera de Praga ni Tiannamen, ni los (para mí) oscursos sucesos de Moscú de 1991. Quizá por eso cuando veo alguna de las fotos de Koudelka me da por creer en el ser humano, en que no todo está perdido, en que aún estamos a tiempo... aunque, desde aquí, desde mí, creo que nunca podrá cambiar nada.

lunes, 16 de agosto de 2010

Cruzar el Rubicón

En la noche del 11 de enero del 49 a.C., Julio César, gobernador de la Galia, se detuvo con todo su ejército en la orilla del río Rubicón, camino de Roma. La duda le atormentaba. El Rubicón era la frontera entre las provincias romanas y las Galias, era el límite que protegía al imperio de las guerras internas. Cruzarlo significaría declarar la guerra civil y no había vuelta atrás, o Julio César conquistaba el Senado o sería despojado de todo su poder. Al grito de Alea jacta est (La suerte esta echada), Julio César cruzó con sus tropas el río. La Segunda Guerra Civil de la República de Roma acababa de comenzar.

Creo que nunca he cruzado el Rubicón y a veces me planteo si habrá algún día en que me atreva a actuar sin miedo a las consecuencias, a tomar impulso para empezar de cero, a olvidarme de todo lo que un día se tambaleó, a querer a pesar de todo, a dejar de lado todo lo que no me gusta y a empezar quién sabe dónde y cuándo, a dar un paso, ese que quizá sea el definitivo para mi felicidad, a escucharte, a no necesitar de noches largas y ocupadas para no pensar... ¿Sabéis? Quizá haya un día en el que no tenga que pensar en el Rubicón porque dar un paso adelante ya no lo necesite. Mientras tanto simplemente seré... feliz.