miércoles, 30 de septiembre de 2009
Reinventemos el mundo
martes, 29 de septiembre de 2009
¿Cara o cruz?
Me gustaría ser muy feliz. Tan feliz que me importara bien poco lo que pensaran de mí, el qué iba a ser de mí en un futuro, que cada canción fuera solo eso, una canción, que solo hubiera buenas y malas películas sin más calificación, que las calles se abrieran a mi paso, que todos los días fueran verano, que sonriera a todo el mundo que me cruzara aunque no los conociera de nada, que no me preocupara por mis tormentos, que las noches fueran por fin aquello para lo que están pensadas... En realidad, me gustaría ser tan feliz para plantearme qué hay después de la felicidad.La insignificancia de las historias
"Las buenas historias nacen, probablemente, de una frase. Nacen de una cosa muy pequeña, luego se van agrandando y van tomando forma. De una percepción, de captar y atrapar una imagen, una sensación, un olor..."Ricardo Darín
¿Y las malas de dónde nacen? Probablemente todo empieza en el mismo sitio, la diferencia es cómo evoluciona.
lunes, 28 de septiembre de 2009
De brújulas, miedos y realidades
"Me gustaría que me dijeras como hace uno para saber cuál es su lugar. Yo por ahora no lo tengo, supongo que me voy a dar cuenta cuando esté en un lugar y ya no me pueda ir. Supongo que es así, ya va a aparecer, todavía tengo tiempo de encontrarlo."Fragmento de Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristaraín.
La fotografía que ilustra este texto es obra de Pepe Araneda
La misma historia de siempre
"A causa de la crisis financiera en que nos hemos visto sumergidos, el número de parados ha crecido de una manera angustiosa. En España venía denunciándose desde hace muchos años atrás la dependencia enfermiza de sectores como la construcción y la excesiva permisividad con los brutales beneficios empresariales a costa de recortes laborales. Lo que entonces nos parecía sólo síntoma de la buena salud resultó esconder un crecimiento con chepa y todo tipo de deformaciones, que ahora nos convierten en jorobados, por no decir una palabra peor sonantes. Como todos sabemos que tendremos que bregar con lo que venga sin demasiada ayuda de los responsables universales, vamos tirando sin demasiado pánico. Lo cual es toda una lección de humanidad.Los cacareados planes del Gobierno para fomentar el empleo o más bien para mantener una ficción de empleo son bien visibles. Tenemos casi todas nuestras ciudades levantadas y donde no están reformando una avenida están haciendo un puente y, si les dejan, cambiando de sitio una fuente pública para ponerla vuelta del revés en otra plaza. El caso es mover el dinero público hacia las grandes empresas de construcción, que siguen beneficiándose de unos márgenes enormes, a cambio de mantener en sus puestos de trabajo a la mayor cantidad de gente posible. Pero, aunque la estrategia es eficaz, carece de una cualidad imprescindible: futuro. ¿Hasta cuándo vamos a pagar la piqueta con nuestras reservas económicas? A menudo uno se pregunta si no traería más cuenta haber inventado un plan nacional por el cual se obligara a toda población de más de 5.000 habitantes a tener orquesta sinfónica, así también habríamos dado trabajo a todos los violinistas y trombonistas del país y en lugar de ruido de perforadoras al menos tendríamos Fa sostenidos. Por la misma lógica podríamos haber dividido cada clase en las escuelas en dos grupos y haber multiplicado el profesorado; de este modo nos garantizaríamos una mejor educada generación futura y una demanda de puestos de trabajo de cierta cualificación. Pero no ha ido por ahí. El dinero siempre va para los mismos.
En ciertos estados de Norteamérica, donde las organizaciones laborales aún poseen una fuerza enorme, desde hace años se mira con lupa toda reducción de trabajadores a costa del mito del self service. El hágalo usted mismo ha mandado al paro a un montón de gente y ha convertido al consumidor en camarero, gasolinero, recogedor de basura y hasta botones, sin que jamás hubiéramos aspirado a ello. En un país con cuatro millones de parados, ¿quién no se ha preguntado más de una vez qué coño hago yo sirviéndome la ensalada o poniéndome la gasolina o cobrándome el precio de cualquier compra o careciendo de cualquier asistencia personalizada bajo el logotipo de alguna de esas empresas que cada año facturan millones en beneficios? Podría ser éste un buen momento para limitar el self service y permitirlo tan sólo en aquellos casos en los que la empresa no tiene otra forma de obtener algún beneficio, pero me temo que el falso liberalismo nos arrastra, nos patea en el culo y además nos da lecciones de moral. Así que, aunque todos aparenten estar muy preocupados por el empleo, en realidad sólo disimulan y siguen mirando para otro lado."
El empleo, de David Trueba
Olores que recuerdan
"Hueles a martes, dijo la chica al chico en la mesa de al lado, al tiempo que yo pedía al camarero el gin-tonic de media tarde. Me acordé de mi madre, que era capaz de averiguar si venía del colegio, de los billares o del cine con un leve movimiento de la nariz. Y nunca se equivocaba. Se puede ir a los billares, al cine o al colegio cualquier día de la semana y casi a cualquier hora, ¿pero es posible pasar la tarde de un miércoles en un martes sin que se entere nadie? La idea abría un territorio completamente nuevo para el adulterio. Nada más excitante que engañar al domingo con el lunes o al sábado con el viernes. Cómo no se me había ocurrido antes.Pues estamos a jueves, respondió, suspicaz, el chico, como si se defendiera de una acusación de infidelidad. Estaremos a jueves, insistió ella, pero tú sigues oliendo a martes. Me pregunté si el martes habría sucedido algo especial que a ella le hubiera disgustado, pero a lo que él permaneciera enganchado por alguna razón de orden sentimental.
En esto, llegó mi gin-tonic, revolví los cubitos de hielo y di el primer sorbo, que es el mejor (si no resultara una extravagancia carísima, pediría varios gin-tonics sucesivos de los que sólo aprovecharía el primer trago). Mientras el combinado atravesaba mi garganta, produciendo una euforia ligera, pero inmediata, en las neuronas, los jóvenes se hundieron en un silencio hosco. ¿Cómo olerían los lunes?, me pregunté yo. A colonia fresca, de baño, sin duda. Me pareció en cambio que los sábados despedirían un aroma pesado, aceitoso, como esos perfumes baratos que dejan manchas en el cuello de la camisa o de la blusa. Pues tú hueles a domingo, dijo él al fin, rompiendo una situación que comenzaba a resultar difícil. ¿A un domingo cualquiera?, preguntó ella. Al domingo que sabes, no disimules, dijo él, y se echaron a reír."
Aromas, de Juan José Millás.
Porque todos los olores recuerdan a algo, y más ahora que se echa encima el otoño y ni las hojas ya se mantienen en los árboles. Me gustaría oler siempre a verano...
Cine "profundo"
Que en mi ciudad la mayoría de películas que se apartan del cine comercial no se estrenen en las salas convencionales es un fastidio que quizá se resuelve, en ocasiones, gracias a la Filmoteca que proyecta algunas de ellas en algún ciclo perdido. Así descubrí la francesa La cuestión humana, de Nicolás Klotz (no porque fuera a verla porque con mi horaro de trabajo es imposible, si no porque supe de su existencia gracias a uno de estos ciclos).Una película, según los críticos, "para quien guste del cine profundo". Pues bien, será que a mí no me gusta el cine profundo o que me gusta que las secuencias tengan su sentido, que las escenas sigan un orden (no tiene por qué ser cronológico), que cada una de ellas contribuyan al argumento general, que creo innecesario meter piezas musicales interpretadas de más de cinco minutos, que no sé a qué viene una rave desfasada en medio de una cinta que trata de conectar las multinacionales con el pasado nazi (reconozco que lo consigue pero con un precio muy alto para el espectador en forma de aburrimiento y desesperación)... pero es que esta película no hay por donde cogerla.
Y los críticos, según he leído a posteriori, la consideran una de las grandes joyas del cine europeo. A mí que me lo expliquen. Sé que algunos estaréis pensando que me he buscado estas dos horas desconcertantes (les llamaré así para tratar de calmar mi malestar) por querer ver películas no comerciales. Es posible. Quizá a partir de ahora solo deba ver filmes de Brad Pitt, Jennifer Anniston, Russel Crowe y compañía...
viernes, 25 de septiembre de 2009
Un rayo de luz en el infierno
Intensa. Desgarradora. Triste. Bonita. Luminosa. Oscura. Revitalizadora. Infernal. Preciosa. Así es Báilame el agua, de Josecho San Mateo, protagonizada por Pilar López de Ayala y Unax Ugalde. Una película que descubrí por casualidad y que, desde la sencillez, consiguió que me enganchara a esta historia de vagabundos, drogadicción, hostales baratos y prostitución. Quizá sea en esos lugares donde la vida se vive más intensamente. Allí también hay tiempo para la poesía y para el amor. De la película rescato estos diálogos:"--Hacía tiempo que no me besabas.
--Tú siempre esperas gestos. Yo palabras. Vivimos en mundos distintos."
"--Tú no sabes lo que quieres.
--Tienes razón. No sé lo que quiero. Tengo miedo de sufrir, tengo miedo de...
--Tienes miedo de crecer.
--Tengo miedo a que te vayas."
"--Y tú con María qué pasa, ¿que ya no estás?
--Seguirá en la azotea, yo nunca estuve a su altura."
De mitos injustificados
Siempre he tenido fascinación por los mitos. No por las personas en sí que se convierten en mitos. De hecho, creo que no he tenido ningún ídolo en mi vida, siempre he sido capaz de ver el factor humano en cada uno de ellos. Lo que me maravilla es todo lo que se genera, lo que se mueve alrededor del mito, los comportamientos de la gente, la locura colectiva, los mimetismos que se crean entre admiradores y admirados y la vorágine mediática en la que se envuelve el fenómeno.No soy capaz de entender como la gente puede perseguir a un artista, pagar una millonada en la reventa por ver tal u otro acontecimiento, acampar para estar en primera fila en un concierto o incluso hacer colas de no sé cuántas horas por conseguir una entrada para algún evento. Digo todo esto porque me cabrea enormemente que la selección de baloncesto es, para todo el mundo, la de Pau Gasol. Debe ser algo así como que ha jugado solo, que ha metido los 90 puntos por partido del equipo, que él solo ha defendido a todo el equipo contrario y que él mismo se hacía las asistencias.
He aquí un mito con todo lo que genera a su alrededor. Todo el mundo se vuelve loco con y por él sin que yo personalmente entienda muy bien por qué. Ya he dicho que no perseguiría a nadie pero, sin duda, a mí no es el que me apasiona de esta selección que si se fuera justo no sería la de Pau Gasol, ni la de los juniors de oro (¿Y Ricky? ¿Y Rudy?), sería la de un baloncesto que está marcando una época.
jueves, 24 de septiembre de 2009
Si el día tuviera cuarenta horas...
Si el día durara cuarenta horas y no veinticuatro entonces tendríamos tiempo para parar esta vorágine, para detenernos y admirar cada instante que pasa a nuestro lado, para comprender que cada segundo perdido es irrecuperable y que cada palabra pronunciada y cada gesto realizado tienen su recompensa. Si el día durara cuarenta horas sería mucho más fácil destinar ocho de ellas a pensarte, ocho a soñarte y el resto a acariciarte, a sentirte muy cerca, porque si el día tuviera cuarenta horas, serían cuarenta las que querría pasar contigo.Camino al infierno
Entre 1976 y 1983, más de 30.000 argentinos desaparecieron de la mano de la dictadura de Videla mientras el resto del mundo poco más que miraba hacia otro lado. Se dieron situaciones tan vergonzosas como que mientras en un estadio de fútbol de la capital argentina se celebraba la final del Mundial del 78, comprado vilmente por el régimen de Videla para que su selección se impusiera, a escasos kilómetros, otro campo de fútbol estaba convertido en un Centro Clandestino de Detenciones.Los afortunados eran torturados y, posteriormente, blanqueados (se hacía pública su detención y pasaban a cumplir condena en la cárcel) o liberados. Los menos (la mayoría) eran asesinados y ocultados. Dejaban de existir. Y una manera cruel y vil de hacerlo era a través de los vuelos de la muerte. Los subían a un avión, los drogaban y en medio del mar, los arrojaban. Nunca más se sabía de ellos.
Uno de esos valientes pilotos era Julio Alberto Poch, que acaba de ser detenido en Valencia. Para él, toda aquella limpieza estaba justificada: "Eran terroristas de izquierdas y no sufrían porque estaban drogados". Su catadura moral y ética queda más que explicada. Supongo que para él no eran vuelos de la muerte aunque prefiero no saber que, en su opinión, no eran más que vuelos comerciales con mercancía que entregar en su destino. Ojalá se pudran en la cárcel él y todos los que auspiciaron, permitieron, colaboraron o simplemente silenciaron cada una de las desapariciones que se produjeron.
Aquí en España no hubo vuelos de la muerte pero violencia y desapariciones no faltaron. Y todavía estamos discutiendo sobre si podemos exhumar o no las fosas de los asesinados vilmente en los años negros de este país. Algo que se debería haber permitido hacer hace muchísimos años. Basta ya de leyes de amnistía.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Gestos que parecen lo que no son
"Adiós no significa siempre el final, a veces significa un nuevo comienzo.""-- Algunas veces, incluso si tienes las llaves, la puerta no se abre. ¿O sí?
-- Incluso si la puerta se abre, puede que la persona que buscabas no esté ahí, Katya."
Fragmentos de My blueberry nights, de Wong Kar-Wai.
La fotografía que ilustra este texto es obra de Nadir Siddiqui
martes, 22 de septiembre de 2009
Los Estados Unidos del fracaso
Un drama auténtico en el que se ve la decadencia más profunda de la sociedad norteamericana, un retrato de la América más oscura en la que la supervivencia cotidiana para mucha gente se basa en su capacidad para lograr delinquir para conseguir dinero ilegalmente. Una magistral Melissa Leo en su papel protagonista nos enseña una pobreza y desesperación en la que no hay tiempo para recrearse porque tiene que alimentar a sus dos hijos. Y todo ello con unos paisajes espectaculares de suelo nevado y con el río que separa a Estados Unidos de Canadá helado.
Una pequeña maravilla de película con la que uno piensa en la suerte que ha tenido de nacer donde ha nacido. Una última reflexión: ¿Hasta qué punto es lícito delinquir para poder alimentar a tus propios hijos?
P.D. Las dos señoras que tenía al lado en el cine creo que no estarán muy de acuerdo en mi comentario. Lo digo porque se han pasado toda la película diciendo frases como "Ayayayayay, lo que faltaba...", "uh, yo con esta película no puedo", "vaya drama"... Pues sí, señoras, y hay gente a la que nos está gustando y tratamos de verla tranquilamente. Y apague el móvil que ya es la segunda vez que le suena...
Gordos que saben a poco
A veces uno se crea tantas expectativas con algo, que luego si el resultado no es espectacular, te decepciona un poco. Creo que es lo que me ha pasado con Gordos, la segunda película de Daniel Sánchez Arévalo. Quizá esperaba tanto de ella que, después de verla, me ha dejado un poco fría. También es verdad que conforme pasan las horas voy descubriendo más cosas que me gustan pero después de enamorarme de Azuloscurocasinegro, creo que esta película es inferior a ella.La idea original del argumento no es mala aunque pueda parecer poco original. Un grupo de personas que se someten a una terapia colectiva para gordos, que en realidad acaba siendo una terapia emocional sobre sus propias vidas. El problema, creo, es que el argumento se difumina porque cada uno de los pacientes (más el terapeuta) tiene su propia historia que se refleja en la película. Por lo que acaban siendo cinco historias que parecen cinco cortometrajes diferentes ya que, en determinados momentos, la unidad está un poco forzada. Y luego resulta que son historias muy desiguales y descompensadas, creo que de esas cinco, hay una sobresaliente (la del terapeuta), dos muy buenas (la de la monja y la del gran Antonio de la Torre) y dos flojitas, que no se sustentan mucho, ni siquiera en la interpretación actoral.
Una interpretación actoral que es bastante brillante. Espectaculares papeles de Roberto Enríquez, Raúl Arévalo, Leticia Herrero y, muy a mi pesar porque no me lo esperaba, Verónica Sánchez (que para mí lo borda). Y son ellos y sus papeles los que mantienen una película que me gusta (que quede claro) pero de la que esperaba muchísimo más. Por cierto, del final ni hablo, porque me parece flojísimo (flojo es poco) y desconcertante. No acabo de verle mucho sentido...
La inexistencia del dolor
"No dice nada del dolor, no dice que hay cosas que duelen tanto que es mil veces mejor morirse. Es como es él. No se mete a fondo en nada, no dice nada pero es simpático. No soporta el dolor y lo niega. Decide que no existe."Fragmento de Martín (Hache)
Ojalá fuera tan sencillo, ojalá el dolor no existiera. Siempre he creído que el primer paso para combatir el dolor es abrir la herida del todo y sanarla porque si no, se cierra en falso y aunque la piel se regenere encima, la herida sigue abierta por debajo. Aunque conforme escribo esto lo pienso y creo que nunca me he atrevido a hacerlo...
La fotografía que ilustra este texto es obra de EnriqueRM
lunes, 21 de septiembre de 2009
El anonimato
"La fama es una estupidez. A mí, que he tenido la suerte o la desgracia de ser muy conocido desde muy chico, me llama la atención que el ser humano desee salir del anonimato, cuando éste es uno de los bienes más preciados que posee: ir por la calle sin que la gente sepa quién eres."(Ricardo Darín, en una entrevista publicada en El Dominical)
No soy famoso. Pero tampoco quiero serlo. Una de las cosas que más pudor me daba cuando empecé a trabajar era firmar los textos que escribía. Hasta ahí llega mi obsesión por mantener el anonimato. Aún hay veces que me dan pequeños ataques de intimidad y solo me atrevo a firmar con mis iniciales.
La fotografía que ilustra este texto es obra de leograttoni
sábado, 19 de septiembre de 2009
Los años decisivos de Dorothea Lange
"La contemplación de las cosas como son, sin error o confusión, sin sustitución o impostura, es en sí misma algo más noble que una cosecha entera de invención". Esta frase de Francis Bacon presidía el cuarto oscuro de la fotógrafa norteamericana Dorothea Lange a lo largo de su carrera. Y viendo su obra, está claro que hizo de ella su máxima de trabajo.Lange convirtió su cámara en un testigo presencial del drama que asoló a los Estados Unidos en la época de la Gran Depresión. Retrató las calles llenas de parados, las colas para conseguir algo de comida, para registrarse, la pobreza de una gente que tenía que vender unos neumáticos para pagarse la comida, la hambruna, la falta de higiene, el hacinamiento de japoneses en campos de refugiados después de Pearl Harbour... Y lo hizo de una manera con la que logró que, entre la multitud, siempre resurja una importancia individual, un lugar donde se va la mirada y que humaniza la tragedia.
La exposición Dorothea Lange. Los años decisivos se pudo ver en Madrid en la pasada edición de Photoespaña y, hasta final de octubre, se puede contemplar en el Monasterio de Veruela. A mí me regalaron el catálogo de la muestra y no hay noche que antes de irme a dormir no esté un rato descubriendo una fotografía nueva que me emocione. Son más de un centenar de imágenes que reflejan una economía que se hundía... Quizá se pueda ver alguna similitud con la situación actual.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Chapoteando la vida
Me encanta pasear por la calle los días de lluvia. Y más por la noche porque en cada charco, gracias al reflejo de las luces en los objetos, puedo ver mil formas, reconocer mil caras diferentes y tener una tentanción enorme de ponerme a chapotear encima de él con la malvada intención de salpicar a todo el que se acerque. Algo que muy pocas veces (ninguna de manera consciente) he hecho. Lo que pasa es que a veces sucede, como hoy, que en los charcos solo ves lo que tu mente quiere ver...jueves, 17 de septiembre de 2009
La belleza escondida
"De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida: --¡Ah! --dijo el zorro--, lloraré.
--Tuya es la culpa --le dijo el principito--, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
--Ciertamente-- dijo el zorro.
--Y vas a llorar!, --dijo él principito.
--¡Seguro!
--No ganas nada.
--Gano --dijo el zorro-- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
--Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
--No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
--Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
--Adiós --le dijo.
--Adiós --dijo el zorro--. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
--Lo esencial es invisible para los ojos --repitió el principito para acordarse.
--Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
--Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
--Los hombres han olvidado esta verdad --dijo el zorro--, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
--Yo soy responsable de mi rosa... --repitió el principito a fin de recordarlo."
Fragmento del capítulo 21 de El principito, de Saint-Exupéry.
"Tú sabes que una persona cambia cuanto más la conoces por muy atractiva que sea, si no te gusta puede llegar a parecerte fea. En cambio, otra en la que ni te has fijado, alguien que ni mirarías, si la quieres puede convertirse en la persona más bella del mundo. Sólo deseas estar con ella."
La verdad sobre perros y gatos, de Audrey Wells.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
martes, 15 de septiembre de 2009
La magia del siete
A mí, siete días me han bastado para comprender la magia de la cifra. En una semana he regenerado el cuerpo, he disfrutado, he reído, he conocido otra realidad, he visto atardeceres imposibles de divisar aquí, me he puesto al día en muchos aspectos de mi vida que había abandonado y he hecho cosas impensables. Actividades que, puestos a imaginar, no sé si hubieran sido tan perfectas si mi viaje hubiera durado ocho días...
El regreso me ha hecho darme cuenta también de que puede desaparecer el calor a la velocidad en que me enganché de ti. Pero, por encima de todo, si algo he comprendido en estos siete días es que puedo desconectar de la rutina heptagonal pero que tus ojos, tu sonrisa y tu figura nunca se van de mi cabeza...
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Impás vital
Es necesario de vez en cuando salir de tu entorno para que tu vida cambie, para que el paisaje de siempre sea sustituido por otro en el que todo te sorprenda y el que ves día a día sea un bonito recuerdo lejano durante días...o ni siquiera sea, para recargar las pilas que se van agotando al vivir en una rutina que a veces asfixia demasiado, para alejarte de todo y desear volver, para aclararte desde la distancia, para buscar la razón perdida, para sentir con más intensidad, para encontrar estrellas perdidas en un cielo olvidado que marquen el camino, para olvidar y recordar con más fuerza al mismo tiempo... Me voy unos días de vacaciones que creo que me los he ganado después de un año demasiado intenso. Quizá estos días, en algún lugar, encuentre el país de Nunca Jamás... y vuelva solo para llevarte conmigo.martes, 8 de septiembre de 2009
Osos en el cine
No creo que tuviera más de doce años cuando la ví. Pero recuerdo perfectamente como quedé impresionado con la película, con los comportamientos humanos de los osos, con las pesadillas que tienen, con los paisajes que allí salen reflejados y sobre todo porque una película que apenas tenía diálogos me hizo no levantarme de la butaca en los poco más de noventa minutos que dura. Ahora me encantaría volver a verla pero, por misterios de la humanidad, no consigo encontrarla para bajármela en ningún lado. A este paso me tendré que quedar con el recuerdo infantil de dos osos que luchan por sobrevivir... Por cierto, no sé si viene de aquel día, pero tengo adoración por los osos.
sábado, 5 de septiembre de 2009
El equilibrio es imposible
Confía en mi
nunca has soñado
poder gritar
y te enfureces
es horrible
el miedo incontenible
entonces ven
dame un pedazo
no te conozco
cuando dices qué felices
qué caras más tristes
qué caras más tristes
ella sabe y presiente
que algo ha cambiado
dónde estás
no te veo es mejor
ya lo entiendo ahora
ya no me lamento
yo sigo detrás
para qué
si cada vez que vienes me convences
me abrazas y me hablas de los dos
y yo siento que no voy
que el equilibrio es imposible cuando vienes
y me hablas de nosotros dos
no te diré que no
yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo
ella no me imagina
cazando en los bares
viviendo deprisa
para qué
para qué
si cada vez que vienes me convences...
confía en mi
nunca has soñado
poder gritar
y te enfureces
es horrible
el miedo incontenible
entonces ven
dame un abrazo
no te conozco
cuando dices que felices
qué caras más tristes
qué caras más tristes...
viernes, 4 de septiembre de 2009
Rutinas rotas
Lo veía cada noche desde su ventana. Como si de su propio teatro se tratara en sus noches de insomnio escudriñaba desde su apartamento como preparaba la cama para acostarse, como cogía el pijama del armario y, sin ningún tipo de pudor, se desnudaba con la ignorancia de que una mujer le observaba desde el edificio de enfrente. Ella estuvo observándole durante años. Nunca le vio acompañado. Se llegó a sentir tan identificada con las rutinas de él y con su cuerpo desnudo que empezó a sufrir por su soledad. Sin embargo, no parecía que él sufriera mucho. Nunca le vio un gesto de tristeza ni una lágrima derramada. Quizá, pensaba ella, él había elegido a la soledad y no al revés.Una noche, se asomó a la ventana y, justo en el momento en el que su vecino apagaba la luz con su desnudez, le pareció ver el cuerpo de una hermosa mujer. Al día siguiente, el ritual se repitió, la mujer ya no estaba. Él, antes de apagar la luz, rompió a llorar en el borde de la cama.
La fotografía que ilustra este texto es obra de dayangchi
Cuando la ciudad gravita suspendida
La ciudad parece un mundo cuando se ama a uno de sus habitantes canta Ismael Serrano en una de sus canciones olvidadas. Desde arriba de la torre del Pilar, no hace falta estar enamorado para sentir que la ciudad es un mundo que no para, un ajetreo en el que apenas se pueden escuchar las sirenas de la ambulancia que circulan a toda velocidad esquivando coches que parecen serpientes buscando el paraíso perdido mientras, ajeno al mundanal ruido, un grupo surca el Ebro con los barcos que nacieron al amparo de la Expo. Desde donde nace el repicar de las campanas de la basílica zaragozana, la ciudad que parece infinita cuando andas perdido por sus calles, tiene un fin claramente delimitado, algo incapaz de apreciar desde cualquier otro punto. Las palomas de la plaza del cemento levantan el vuelo mientras la mirada se va a los tejados del Casco Histórico. Decía Juan Diego Botto en Martín Hache en su obligado destierro en Madrid que añoraba los tejados de Buenos Aires. Una pareja de andaluces no deja de comentar el color de los tejados y las fachadas de las casa de la calle Alfonso, agrupados en manzanas que se distinguen como si el arquitecto hubiera delineado con su escuadra y cartabón.
Apenas se distingue lo que quedan de las murallas porque desde las alturas aunque la ciudad parezca un universo diferente, los volúmenes desaparecen como las tres dimensiones en los dibujos de un niño. Así, una pareja de adolescentes discuten como si nadie les estuviera observando en plena calle. Cuando todo parece que se va a romper, él levanta la vista como si se sintiera espiado. Todo acaba en un largo beso. Y tras ellos, apenas a un kilómetro de distancia pero con muchos edificios que ahogan cualquier tipo de visión, la torre de San Pablo se eleva bella y poderosa. A lo lejos, la Torre del Agua apenas se distingue, sepultada por el horizonte del final de la gran ciudad.
Resulta curioso como apenas un viaje de quince segundos en ascensor, te expulsa del Edén y te devuelve a una ciudad vulgar y llena de ruidos. Sonidos de piquetas y algun rugido de motor que se escuchan con nitidez desde el teleférico que recorre la distancia del Parque del Agua a la estación Delicias en apenas diez minutos. Desde ahí arriba, la ciudad tampoco tiene fin. Se alcanza a ver la maravillosa arquería que corona la estación pero enseguida los edificios de la Avenida Navarra impide ver más allá. El recinto de lo que fue la mayor fiesta del agua ahora resiste a la piqueta en busca de un futuro glorioso mientras el teleférico lo amenaza tenso desde el aire.
Desde aquí la ciudad no deja de ser una sucesión de construcciones, más o menos bonitas, levantadas para acoger a gente que habita en esta ciudad que no para. Solo así se puede entender la cantidad de coches que cruzan los puentes. Desde el punto más alto del teleférico, poco antes de iniciar el descenso, el Parque del Agua se ve en toda su grandeza, con su escasez de vegetación pero tiene tanta superficie que es muy aventurado decir que una persona sería capaz de recorrerlo en una mañana.
Arboleda frondosa es la que impide ver más de Zaragoza desde el mirador de Alfonso I el Batallador en el parque Grande. Mientras el Pirulí de Telefónica parece dominar toda la Romareda, el sonido del agua de las fuentes te hace trasladarte a quién sabe si lo que el imaginario colectivo entiende como Nunca Jamás. A lo lejos, un autobús urbano rompe la magia del momento mientras Alfonso I el Batallador mira impetérrito en qué se ha convertido la ciudad después de tantos años.
Tres maneras diferentes de ver la urbe que se completan con la que ofrece la noria del Parque de Atracciones desde lo más alto. Desde allí, los edificios parecen alejados, como si no pertenecieran al mismo municipio que los que se ven desde la torre del Pilar. Apenas se alcanzan a ver las grandes edificaciones entre la frondosidad de la vegetación que parece escondernos el paisaje buscado.
Desde allí donde los pájaros casi no se atreven a subir, uno puede llegar a comprender la magnitud de una gran ciudad, algo que entre el zigzageo urbanita que se practica en la rutina del día a día nunca se podrá apreciar.
No me pidas que te bese porque te besaré
Cierra los ojos y dílo. Es el mensaje principal de la película No me pidas que te bese porque te besaré, el debut como director de Albert Espinosa. A veces, le pasa al protagonista de esta cinta, con los ojos cerrados las cosas se ven de otra manera y quizá se puede llegar a sentir lo que realmente se siente y no lo que crees sentir. Parece lo mismo pero, desgraciadamente, nunca lo es. Pasa también que a veces sientes lo mismo con los ojos cerrados que con los ojos abiertos, solo que cuando no ves el mundo te crees con más fuerza para decir las cosas. No lo sé. Yo hace tiempo que decidí romper esa barrera mental que nos tapona muchas veces. Y la verdad no sé deciros si ha sido mejor o peor.
Por cierto, la película ni fu ni fa, es entretenida, bonita. No deja de tener un buen guión pero una trama y una dirección bastante normalita.
jueves, 3 de septiembre de 2009
De vacunas y abrazos perfectos
"No sé, no creo que sea una relación que vaya a ninguna parte, pero me sirve para sentirme relajado, a gusto, poder hablar íntimo con alguien. Ella asentía mientras le escuchaba. Las palabras la herían, pero disimulaba. Ariel decía, sabés cuando querés tanto a alguien que tratás de protegerlo del daño que vos mismo podés hacerle, del miedo que te da porque vos te conocés, pero la otra persona sólo ve el lado maravilloso. Y Agustina tenía ganas de decirle lo sé muy bien, conozco esa sensación, pero sólo dijo que lo mejor era disfrutar, que no se ofuscara en pensar demasiado lejos.Supongo que debería vacunarla contra mí, dijo él, con una sonrisa. A lo mejor ella no quiere la vacuna, le contestó Agustina."
(Saber perder, de David Trueba)
"...Sylvia se posa la mano en el vientre. Se acaricia alrededor del ombligo. Cuando Ariel la desnuda, le gusta sentir la fortaleza de su abrazo, es uno de los escasos momentos en que se siente hermosa."(Saber perder, de David Trueba)
¿No es una confesión maravillosamente bella?
Puñetazos en el estómago para todos
Caos neuronal
Puede pasar de todo, ¿verdad? Cualquier cosa (...) Es como si alguien te regalara uno de esos puzles con piezas de un cuadro de Madrid, de la foto de unos ponys o de las cataratas del Niágara y se supone que ha de encajar, pero no.(Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet)
Me considero mentalmente caótico. Todo lo que tengo de ordenado con las cosas, lo tengo de descontrol en mi mente. Me resulta muy difícil concentrarme en lo que estoy haciendo. Recuerdo que cuando aún estudiaba no podía hacerlo sentado en una silla y ni mucho menos en una biblioteca. Me sentaba, leía los apuntes un minuto, me levantaba, daba una vuelta con los apuntes en la mano, los dejaba, me conectaba a internet, volvía a mi sitio, leía otro poco, jugaba con una pelota de espuma que tenía y que no recuerdo donde fue a parar, oía música... Y aunque pueda parecer extraño mi método me funcionaba (más o menos) e iba aprobando.
Ahora en mi trabajo no puedo hacer todo esto, evidentemente. Pero a menudo estoy muy distraído, hablando con la gente, escribiendo mails, ríendome o pensando en otras cosas y me va saliendo el texto que tengo que escribir por oleadas como el que no quiere la cosa. Y es que cuando me pongo a escribir me pasa lo mismo. Casi siempre que me pongo a ello no tengo muy claro ni de qué hacerlo ni por qué ni para qué. Quizá por eso a veces salen textos caóticos y sin ningún tipo de orden. Como mi cabeza. Como la vida misma.
La fotografía que ilustra este texto es obra de frailenicolas
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Sin título
--Tenemos que dejarlo. No me llenas ni intelectual, ni sentimental ni físicamente.--Bueno, pero, ¿y en el resto?
(Bananas, de Woody Allen)
En ese eterno momento se miraban, o eso parecía, él con su cara de pena, ella con una cara que él nunca sabía interpretar. Entonces él acercaba más su boca y cuando empezaba a rozar los labios de ella, cuando creía que el paraíso estaba abriendo sus puertas, se difuminaba su imagen. En ese momento, él siempre imaginaba a qué sabrían sus besos y si serían como él siempre los había soñado. Y se lamentaba de no encontrar qué estaba haciendo mal...
Un Che de juguete
No me gustan las películas de acción. No entiendo la concepción del cine como sucesión de grandes batallas, persecuciones, tiros, como una competición de efectos especiales... Es más, me agobia tanto ruido y tantos golpes inútiles cuando en realidad no hay nada detrás que contar. Y para mi horror, Che, el argentino, de Steven Soderbergh, me ha parecido nada más que eso. Un ejercicio técnico muy bueno, casi magistral, pero que cuando han empezado a verse los títulos de crédito me ha dejado muy frío.Resulta curioso pero Soderbergh ha conseguido convertir quizá uno de los personajes más apasionantes del siglo XX (tanto para sus admiradores como para sus detractores), el Che Guevara, en un hombre vacío, despojado de cualquier emoción y sentimiento (no solo revolucionario). A pesar de que la cinta dura dos horas, cuando acaba uno no sabe qué motivos, por ejemplo, le llevaron al Che a alistarse en la guerrilla, qué pasó en el desembarco de los hombres de Fidel, no se ve en ningún momento sufrimiento por los hombres caídos... Solo en el discurso en la ONU de Ernesto Guevara aparece algún motivo de entusiasmo político para una figura que se supone que es un símbolo revolucionario en todo el mundo.
Supongo que lo que pretendía el director era hacer una película objetiva, neutral, pero es que cuando se aborda un personaje así despojar al personaje de toda emoción hace que pierda casi todo su interés. Me ha decepcionado tanto que no sé si me atreveré a ver la segunda parte, Che, guerrilla.
martes, 1 de septiembre de 2009
¡Basta de lamentarse!
Defender la alegría como una trincheradefenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría
Defender la alegría, de Mario Benedetti
La fotografía que ilustra este texto es obra de Vinka*

