Necesito aire...La fotografía es de genisrp
No me faltan razones para no ir nunca a un concierto suyo (quienes los hayan visto en directo me darán la razón sin dudarlo) pero no puedo resistirme a comprar cada nuevo cedé que publican, aunque sea un recopilatorio como Principios básicos de astronomía, que viene, además, acompañado de unas viñetas maravillosas de Juanjo Sáez reinterpretando cada una de las canciones que aparecen en el CD y de un DVD con veintidós videoclips.
Le quería. Nunca se lo demostró. O igual sí. Pero nunca se lo dijo. Compartió con él miles de momentos que fueron desde la intrascendencia hasta la tristeza más melancólica. Esa que una noche le colocó al borde de la muerte. Una madrugada en la que entre todos le hicieron volver al mundo de los vivos. Pero nunca le dijo esas dos palabras que cuesta tanto decir. Y le quería, mucho más de lo que él mismo sabía.
En todo el día solo ha sonado el teléfono dos veces (tres si incluyo la llamada diaria de Orange). Llamadas triviales (si es que existen). Parece como si el día de hoy no hubiera existido. Tengo ganas de gritar.
"Los pararrayos no sirven cuando hay tormenta dentro de mi cabeza"
Soy tremendamente maniático con las puertas. Si una puerta está cerrada y alguien la abre para entrar, no acabo de comprender que no la vuelva a cerrar cuando ya ha pasado. Para mí, lo lógico es dejar las cosas en el estado en el que te las encuentras, sobre todo, porque suelen estar así por algo...
--Afirma que debería existir una Declaración de los Deberes Humanos, igual que existe la de los Derechos. ¿Cuáles serían esos deberes?
Me levanto por la mañana y me canso. Ando cinco minutos y me canso. Pienso un texto que escribir y me canso. Llamo por teléfono y me canso de pensar en qué voy a decir. Planifico qué hacer en mis días navideños y me canso antes de hacer nada. Vuelvo a casa del trabajo y me canso de volver. Llego a casa y solo quiero estar en el sofá porque me canso. Me canso de comer, de beber, de tener que subsistir, de sentir que no soy yo, de querer ser normal, de dormir mal, de levantarme de la cama, de hacer planes que no resistiré, de obligarme a no pensar en el futuro sino en el presente. Pero no, no me canso de vivir porque nunca me canso de tenerte en mi mente.
"El feto es propiedad de toda la sociedad. Cualquiera que evite tener hijos es un desertor que renuncia a las leyes de la continuidad nacional"
Tengo pánico a esa sucesión de pasillos y habitaciones blancas, asépticas, que desprenden un olor a formol asfixiante, en las que no para de entrar gente con sonrisas y muecas a veces estúpidas que intentan tapar los cotilleos de algún diagnóstico perdido en unos papeles que ni siquiera parecen tener importancia para una bata blanca con gafas. Odio los hospitales.
"El carácter de una persona lo determinan los problemas que no puede eludir y el remordimiento que le provocan los que ha eludido"
El día a día está gobernado por las preguntas. Desde que te levantas hasta que te acuestas, tu cerebro no deja de generar preguntas que van desde lo más trivial (¿qué me pongo hoy?) hasta lo más trascendental (¿hacia dónde camino?). Para algunas tienes respuestas, para otras no. Suele pasar que cuanto más trascendental es la duda, más escondida está la solución en tu mente. Pero, curiosamente, las preguntas más difíciles son las que no te haces a ti mismo, sino las que tienes que formular a otra persona. Esas en las que la respuesta ni la conoces ni la tienes tú. Esas que no te atreves a hacer. Me gustaría preguntar tantas cosas...
Poema Maneras de matar, de Bertolt Brecht.
Hay noches en las que me falta el aire, se agolpan en mi cabeza demasiadas ideas que no soy capaz de ahuyentar y mientras debería entrarme el sueño poco a poco lo único que sucede es que el equilibrio empieza a ser una necesidad inalcanzable y no solo en mi cabeza. No hace mucho llegué a pensar que mi problema era que tenía miedo a vivir. Ahora solo quiero respirar cada bocanada de aire para vivir, ansío que el mundo se pare y que por un momento me deje volver a ser una persona normal. Solo quiero oír que todo va a ir bien. Necesito oírlo una vez más...
En este mundo de apariencias y de caretas autoimpuestas, hay veces en las que uno se siente empujado a esconder lo que siente como un intento (supongo) de autoprotección no sé muy bien de qué. En eso se basa, a grandes rasgos, el cómic (novela gráfica para los más susceptibles y puristas) Nunca me has gustado, de Chester Brown. Un maravilloso retrato autobiográfico de la adolescencia de un chico atormentado por sus propios miedos y retraído, que encontraba en su propia soledad e indiferencia un camino para pasar la vida.
Últimamente no paro de leer que las grandes personas lo son no por ellas sino por la gente que les rodea. Se ponga como se ponga el mundo, yo no puedo estar más de acuerdo. Por eso, muchas veces pienso que estoy rodeado de gente que no merezco. Solo así puedo entender que ante un mal gesto, me regalen una sonrisa; que por cada mala palabra mía, ellos ofrezcan un abrazo; que contra una bordería, me cuenten un chiste; que ante un hundimiento, estén dispuestos a naufragar conmigo y que una lágrima mía sea solo una parte del río que recorren conmigo con los ojos cerrados. Por eso quizá me pongo tan moñas en una noche como hoy. Al fin y al cabo ellos siempre me dicen que lo soy... A mí solo me gustaría estar a su altura cuando todo esto pase y pueda volcar en ellos todo mi agradecimiento.
Uno de mis hábitos confesables es redescubrir la ciudad en la que habito. Muchos días salgo de casa sin rumbo ni dirección y me pierdo entre calles imposibles buscando algo que sorprenda mi rutina y me haga despejar la mente.
"Abrirla solo en caso de fallecimiento"
Nunca le había sonreído la vida. Era un chico tímido, retraído en exceso y no era guapo, por no decir que era feo. No había probado nunca a qué sabían los labios de una mujer pero cada noche soñaba con ella. Apenas tenía amigos y tampoco a nadie al que contar que esa chica se había convertido casi en una obsesión.
"El tiempo no muere jamás, el círculo nunca se completa"
Alguna vez he escrito sobre mis fobias aunque necesitaría cuatro blogs mucho más prolíficos que éste para que pudieran caber todas. Pero si me preguntaran cuál es mi mayor fobia, estos días respondería que es el miedo al futuro. Me aterra pensar que será de mí mañana, que pasará con tantas y tantas cosas que tengo cerca, qué habrá donde no esté lo que ahora conozco, qué desconocimiento actual me llevará a equivocarme de camino mañana, si llegaré, si dentro de dos meses todo habrá dado un vuelco, si mi sueño dejará de serlo, si mi cuerpo se estabilizará o se desestabilizará del todo, si finalmente lograré ser una persona normal... Por eso trato de ponerme metas a corto plazo, objetivos que no me agobien en exceso, que no me hagan pensar en si habrá futuro, en qué pasará en él... A veces lo consigo, otras, como esta noche, no.
Gracias a mi trabajo he tenido la suerte de conocer a músicos, escritores y artistas a los que escuchaba, leía o contemplaba con avidez cada vez que hacían el mínimo movimiento. En mis encuentros me he decepcionado con algunos de ellos, me he dado cuenta de que nadie es como aparece en la televisión, pero en esas entrevistas también he descubierto, bueno más bien he aprendido, que mucha gente que no lo parece por lo que hace tiene un discurso muy coherente, con mucho que decir y del que se puede aprender mucho.
"A ver, ¿cómo quiere que se lo cuente? No lo iba a entender, no lo entiendo ni yo. Se puso a hacer café, y yo empecé a cotillear en sus cosas. Y de repente, sentí esa estupidez que por lo visto le da a mucha gente."
Quizá es el momento de que la suerte cambie, de que todo vaya viento en popa incluso ahora que ni la fortaleza física acompaña. Porque mañana todo será distinto y si no, haremos que sea diferente, trataremos de que el equilibrio deje de ser efímero porque, pese a todo, nos lo merecemos.
Las prisas no son buenas consejeras para nada. Ojalá pudiera manipular el tiempo a mi antojo, pero solo hacia delante para que cuando quisiera ir hacia atrás me diera cuenta de todo lo que me he perdido por estar cegado con algo que aún no ha llegado. Sería una bonita lección.
Soy tan caótico que ni siquiera soy capaz de cumplir lo que pienso que voy a hacer. Lo digo porque no he tardado ni cinco días en darme cuenta que si abrí este blog era precisamente por lo que he creído estos días que lo iba a cerrar. Para encontrar una ventana, una válvula de escape en la que poder dar rienda suelta a mi escritura tan anquilosada en un trabajo en el que, irónicamente, me dedico a escribir. Pero también para volcar mis rabias, mis frustraciones y mis alegrías, para ser capaz de no guardarme dentro tantas y tantas cosas que la experiencia me dice que explotan y es mucho peor el daño que hace la pólvora estallando que el simple hecho de guardar y tragar. Por ese mismo motivo, y por mi inconstancia, vuelvo a escribir y prometo intentar ser más alegre, pero a día de hoy solo puedo asegurar la intención, nada más.
Es una osadía pensar que nada de lo que sucede te afecta, que has construído una coraza de acero en la que rebotan todas las ostias que te da el simple hecho de estar en el mundo, que no te han concebido para triunfar. A veces es mucho peor soñar que tener los pies en el suelo. Y es demasiado tarde cuando te das cuenta de que cuando unos están arriba otros están abajo y que, por alguna razón que se escapa, estar en la cima de la pirámide no es algo para lo que has nacido. Hoy he comprendido lo que soy.
Cada mañana se levantaba maldiciendo la suerte que le había tocado vivir. No se planteaba lo que tenía, la suerte acumulada a lo largo de los años. Siempre es más fácil maldecir lo que no se posee, la mirada que nunca se perderá en tus ojos y la realidad que sobrepasa toda la normalidad de una vida rutinaria y aburrida.
Nada sucede dos veces
"Dicen que las princesas son tan sensibles que notan la rotación de la tierra, que si están lejos de su reino se enferman, que hasta se pueden morir de tristeza."
La vida puede ser maravillosa. Hay días en los que se cumplen todos tus deseos, en los que aquello en lo que llevas pensando tanto tiempo se resuelve de la noche a la mañana. Entonces tienes unas ganas enormes de gritar, de compartir tu radiante felicidad, de llamar a todo el mundo, de regalar sonrisas, de olvidar lágrimas y sentir, por fin, lo que realmente viniste a buscar a este mundo. Al fin y al cabo, ser feliz no es tan difícil, solo hay que estar en el cuerpo, el momento y el lugar acertado un día cualquiera.
Confidencias en la barra del bar al calor de unas manos amigas o incluso enemigas, perdones eternos por cosas que nunca debieron decirse, sonrisas y carcajadas impulsadas por las propias sinergias de vivir, temores y temblores nublados por malos presagios aún peores, lágrimas sentidas y compartidas, celos irracionales, comidas que no necesitan vino para acabar en jolgorio, llamadas inteligibles a horas intempestivas, mensajes divertidos en domingos aburridos, una voz metálica y divertida, obsesiones compartidas (y no), cervezas, nesteas, limonadas y cubatas sin fin, mañanas de domingo culturales, croquetas en tardes asfixiantes de trabajo, tu hipnotizadora mirada que no puedo dejar de ver en todas partes, la(tu) sonrisa más bonita del mundo... Quedan tantas y tantas cosas por venir que me aterra la posibilidad de que no pueda disfrutarlas.
"¿Cómo quieres que tenga fe en la humanidad si hubo que poner cisternas automáticas en los baños públicos porque ni siquiera puedes confiar en que la gente tire de la cadena después de hacer pis?"
Se levantó muy animado, a pesar del mes horrible que estaba pasando. Desayunó en silencio, esta vez no se puso música ni la radio, ni mucho menos la televisión. Se duchó con agua fría y ya estaba listo para empezar su rutina matinal. Salió de casa como cada mañana, cerró la puerta, le dio dos vueltas a la cerradura, miró el ascensor que no dejaba de emitir un sonido extraño y tarareando una canción bajó las escaleras.
"Se suele decir que, sea cual sea la verdad, la gente ve lo que quiere ver. Hay personas que pueden dar un paso atrás y descubrir que les faltaba ver las cosas con más perspectiva. Otras personas se dan cuenta de que la vida les está pasando factura. Otras pueden ver lo que estaba ahí desde el principio... Y luego estan ésas personas, aquellas que huyen lo más lejos posible para no tener que verse a sí mismos."
Una de las escenas literarias más dramáticas que conozco la descubrí cuando en el instituto tuve que leerme Niebla, de Miguel de Unamuno. Cuando Augusto Pérez decide suicidarse por (des)amor, descubre que, en realidad, no es él, que no está vivo, que existe porque el propio Unamuno le ha creado y que su final no lo puede decidir porque está en manos de su creador.