Alguna vez he escrito sobre mis fobias aunque necesitaría cuatro blogs mucho más prolíficos que éste para que pudieran caber todas. Pero si me preguntaran cuál es mi mayor fobia, estos días respondería que es el miedo al futuro. Me aterra pensar que será de mí mañana, que pasará con tantas y tantas cosas que tengo cerca, qué habrá donde no esté lo que ahora conozco, qué desconocimiento actual me llevará a equivocarme de camino mañana, si llegaré, si dentro de dos meses todo habrá dado un vuelco, si mi sueño dejará de serlo, si mi cuerpo se estabilizará o se desestabilizará del todo, si finalmente lograré ser una persona normal... Por eso trato de ponerme metas a corto plazo, objetivos que no me agobien en exceso, que no me hagan pensar en si habrá futuro, en qué pasará en él... A veces lo consigo, otras, como esta noche, no.
Gracias a mi trabajo he tenido la suerte de conocer a músicos, escritores y artistas a los que escuchaba, leía o contemplaba con avidez cada vez que hacían el mínimo movimiento. En mis encuentros me he decepcionado con algunos de ellos, me he dado cuenta de que nadie es como aparece en la televisión, pero en esas entrevistas también he descubierto, bueno más bien he aprendido, que mucha gente que no lo parece por lo que hace tiene un discurso muy coherente, con mucho que decir y del que se puede aprender mucho.
Dentro de menos de un mes (del 18 al 20 de diciembre) se celebra en Zaragoza el Salón del Cómic y desde que me enteré que viene Paco Roca estoy ilusionado con la posibilidad de tener un encuentro con él. Cuando descubrí Arrugas me encantó pero es que después Las calles de arena, Emotional world tour o incluso El juego lúgubre me han hecho engancharme al autor, casi al mismo nivel que a Liniers.
Supongo que son estas pequeñas ilusiones a corto plazo lo que hacen que la vida sea más agradable. Quizá por eso, me agarro a ellas.
"A ver, ¿cómo quiere que se lo cuente? No lo iba a entender, no lo entiendo ni yo. Se puso a hacer café, y yo empecé a cotillear en sus cosas. Y de repente, sentí esa estupidez que por lo visto le da a mucha gente."
Fragmento de Abre los ojos, de Alejandro Amenábar.
Quizá es el momento de que la suerte cambie, de que todo vaya viento en popa incluso ahora que ni la fortaleza física acompaña. Porque mañana todo será distinto y si no, haremos que sea diferente, trataremos de que el equilibrio deje de ser efímero porque, pese a todo, nos lo merecemos.
QUE TINGUEM SORT
Si em dius adéu Vull que el dia sigui net i clar Que cap ocell Trenqui l'harmonia del seu cant Que tinguis sort I que trobis el que t'ha mancat en mi
Si em dius et vull Que el sol faci el dia molt més llarg I així robar Temps al temps d'un rellotge aturat Que tinguem sort Que trobem tot el que ens va mancar Ahir
I així pren, i així pren Tot el fruit que et pugui donar El camí que poc a poc escrius Per demà Que demà, que demà Mancarà el fruit de cada pas Per això malgrat la boira cal Caminar
Si vens amb mi No demanis un camí planer Ni estels d'argent Ni un demà ple de promeses sols Un poc de sort I que la vida ens doni un camí Ben llarg
I així pren, i així pren Tot el fruit que et pugui donar El camí que poc a poc escrius Per demà Que demà, que demà Mancarà el fruit de cada pas Per això malgrat la boira cal Caminar
QUE TENGAMOS SUERTE (Traducción al castellano)
Si me dices adiós quiero que el día sea limpio y claro, que ningún pájaro rompa la armonía de su canto.
Que tengas suerte y que encuentres lo que te ha faltado en mí.
Si me dices "te quiero", que el sol haga el dia mucho más largo, y así, robar tiempo al tiempo de un reloj parado.
Que tengamos suerte, que encontremos todo lo que nos faltó ayer.
Y así toma todo el fruto que pueda dar el camino que, poco a poco, escribes para mañana. Que mañana faltará el fruto de cada paso; por eso, a pesar de la niebla, debes caminar.
Si vienes conmigo no pidas un camino llano ni estrellas de plata ni una mañana llena de promesas, solamente un poco de suerte, y que la vida nos dé un camino bien largo.
La fotografía que ilustra este texto es obra deannais
Me gustaría que alguien fuera capaz de saltar sobre mi balancín y propulsarme hacia un mañana mejor en el que las pesadillas del presente no fueran más que un pasado enterrado para siempre.
Las prisas no son buenas consejeras para nada. Ojalá pudiera manipular el tiempo a mi antojo, pero solo hacia delante para que cuando quisiera ir hacia atrás me diera cuenta de todo lo que me he perdido por estar cegado con algo que aún no ha llegado. Sería una bonita lección.
Me gustaría que llegara ya el 2010 pero si eso significa que me voy a perder este mes y poco de sonrisas, barras de bar, chistes sin gracia, anécdotas silenciosas, miradas que comprenden un infierno, subidones, tardes enteras de hastío y no saber en qué pensar para desagobiarse, peleas enconadas que al final no tienen más importancia, noches de insomnio y de series, películas, consejos de amigo, taquilleras que no esbozan ni media sonrisa pero que me gustan, escaleras mecánicas que me aterrorizan, líneas continuas que indican por donde no se puede pasar, conciertos, cumpleaños, regalos de navidad... y tantas y tantas cosas insignificantes que dan fuerza para vivir, no quiero que los segundos sean minutos, ni que los minutos sean horas, ni que éstas sean días... Por todo esto y porque, además, hoy tengo más que nunca miedo al futuro.
Soy tan caótico que ni siquiera soy capaz de cumplir lo que pienso que voy a hacer. Lo digo porque no he tardado ni cinco días en darme cuenta que si abrí este blog era precisamente por lo que he creído estos días que lo iba a cerrar. Para encontrar una ventana, una válvula de escape en la que poder dar rienda suelta a mi escritura tan anquilosada en un trabajo en el que, irónicamente, me dedico a escribir. Pero también para volcar mis rabias, mis frustraciones y mis alegrías, para ser capaz de no guardarme dentro tantas y tantas cosas que la experiencia me dice que explotan y es mucho peor el daño que hace la pólvora estallando que el simple hecho de guardar y tragar. Por ese mismo motivo, y por mi inconstancia, vuelvo a escribir y prometo intentar ser más alegre, pero a día de hoy solo puedo asegurar la intención, nada más.
Es una osadía pensar que nada de lo que sucede te afecta, que has construído una coraza de acero en la que rebotan todas las ostias que te da el simple hecho de estar en el mundo, que no te han concebido para triunfar. A veces es mucho peor soñar que tener los pies en el suelo. Y es demasiado tarde cuando te das cuenta de que cuando unos están arriba otros están abajo y que, por alguna razón que se escapa, estar en la cima de la pirámide no es algo para lo que has nacido. Hoy he comprendido lo que soy.
Olvidaros de todas las tonterías que dije alguna vez, de las que he dicho (y hasta en las que he creído) en estos nueve meses de aventura bloguera. Nada era verdad. Ahora mismo, en este instante, en este segundo, en este minuto, en esta hora, en esta noche que se plantea eterna nada tiene sentido... Ni siquiera este blog que os prometo que nació con otra intención que en lo que se ha convertido en los últimos días. Por eso, quizá hasta todo esto ha dejado de tener sentido. La fotografía que ilustra este texto es obra decostadelsol59
Cada mañana se levantaba maldiciendo la suerte que le había tocado vivir. No se planteaba lo que tenía, la suerte acumulada a lo largo de los años. Siempre es más fácil maldecir lo que no se posee, la mirada que nunca se perderá en tus ojos y la realidad que sobrepasa toda la normalidad de una vida rutinaria y aburrida.
Aquella mañana todo empezó igual, la rutina se impuso en su devenir hasta que una visita al médico lo cambió todo. Una pared, una puerta, dos frases, una realidad aislada en formol revolucionó su vida. Sin quererlo empezó a maldecirse con rabia contenida. Y no por lo que no tenía si no por no ser capaz de comprender en qué consistía vivir. En vivir. Ni más ni menos.
Y fue en ese momento, cuando más cerca se sentía de la muerte, cuando alguien había decidido poner fecha de caducidad a este sufrimiento cuando se dio cuenta de que no se quería ir... nunca. Porque prefería vivir y poder ver cada mañana su cara somnolienta aunque nunca fuera suya, aunque cada segundo, cada minuto y cada hora que pasara estaba más lejos de él, que irse para siempre sin tenerle en mente cada uno de los segundos de su rutina diaria.
¿Y si me muero mañana? ¿Y si no vuelvo a sonreír? ¿Y si sentir es solo una ilusión que aborda mi corazón? ¿Y si las palabras que intenté expresar nunca llegaron a su destino? ¿Y si sentirse inferior es una sensación que nunca me quitaré de encima? ¿Entonces seguiré pensando en ti aunque tú no muevas ni un párpado, ni una ceja, ni un labio cada vez que me ves? No lo dudes. Nunca lo dudes.
"Dicen que las princesas son tan sensibles que notan la rotación de la tierra, que si están lejos de su reino se enferman, que hasta se pueden morir de tristeza."
Fragmento de Princesas, de Fernando León de Aranoa.
¿Y si no tienes un reino al que volver para matar la tristeza?
La fotografía que ilustra este texto es obra de Sergi Bernal
La vida puede ser maravillosa. Hay días en los que se cumplen todos tus deseos, en los que aquello en lo que llevas pensando tanto tiempo se resuelve de la noche a la mañana. Entonces tienes unas ganas enormes de gritar, de compartir tu radiante felicidad, de llamar a todo el mundo, de regalar sonrisas, de olvidar lágrimas y sentir, por fin, lo que realmente viniste a buscar a este mundo. Al fin y al cabo, ser feliz no es tan difícil, solo hay que estar en el cuerpo, el momento y el lugar acertado un día cualquiera.
¿Uno no es más feliz siendo útil a los demás? De una premisa tan sencilla, bonita y hasta simplista (según quien la diga), el sueco Lasse Hallström consiguió realizar una versión maravillosa de la obra de John Irving, Las normas de la casa de la sidra. Dos horas de película en las que el espectador tiene margen suficiente para disfrutar del paisaje, del espléndido guión y de la evocadora banda sonora.
Y, mientras saborea todo esto, reflexiona sobre el aborto, la orfandad, las relaciones de pareja, la integración racial, el incesto... y todo sin radicalismos de ningún tipo ni opiniones sesgadas. Es cada uno el que se va formando su propia opinión y las ideas. Una película emotiva que recuerdo haber visto en los ya desaparecidos cines Buñuel hace diez años y que esta noche he vuelto a ver para intentar volver a sentir todo ese torrente de emociones que le hacen sentirse muy vivo a uno.
Buenas noches, príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.
Me gustaría subir los escalones de dos en dos para llegar cuanto antes al claro que creo vislumbrar desde aquí abajo. Esta noche solo tengo ganas de gritar hasta encontrar la estabilidad.
Confidencias en la barra del bar al calor de unas manos amigas o incluso enemigas, perdones eternos por cosas que nunca debieron decirse, sonrisas y carcajadas impulsadas por las propias sinergias de vivir, temores y temblores nublados por malos presagios aún peores, lágrimas sentidas y compartidas, celos irracionales, comidas que no necesitan vino para acabar en jolgorio, llamadas inteligibles a horas intempestivas, mensajes divertidos en domingos aburridos, una voz metálica y divertida, obsesiones compartidas (y no), cervezas, nesteas, limonadas y cubatas sin fin, mañanas de domingo culturales, croquetas en tardes asfixiantes de trabajo, tu hipnotizadora mirada que no puedo dejar de ver en todas partes, la(tu) sonrisa más bonita del mundo... Quedan tantas y tantas cosas por venir que me aterra la posibilidad de que no pueda disfrutarlas.
La fotografía que ilustra este texto es obra deMemo Vasquez
946.080.000 segundos, doscientos sesenta y dos mil ochocientas horas, diez mil novecientos cincuenta días, trescientos sesenta meses, treinta años, tres décadas, seis lustros... No son nada.
"¿Cómo quieres que tenga fe en la humanidad si hubo que poner cisternas automáticas en los baños públicos porque ni siquiera puedes confiar en que la gente tire de la cadena después de hacer pis?"
Fragmento de Si la cosa funciona, de Woody Allen.
Hace tiempo que dejé de tener esperanzas en aquel que comparte el viaje en autobús conmigo, en el que me cede el paso en una calle estrecha, en el que se bebe la cerveza en la misma barra que yo, en mi compañero de trabajo, en el que promete que va a cambiar el mundo, en el que regala abrazos y en el que amablemente te pide ayuda. La humanidad hace tiempo que camina perdida en manos de un capitalismo físico, psíquico y económico que nos aniquila la voluntad ahora que se cumplen veinte años del fin de una utopía mal construída. Y, sin embargo, sigo creyendo en ti y en el milagro de tu mirada.
A lo lejos, tu ausencia. Tan real como tu falta de caricias, tan lejana como esa sonrisa que no es mía. Una sonrisa tan preciosa como esa calma acelerada que solo tus ojos pueden darme. Y a mi lado, el presente que nunca llegará. Y un futuro que cada vez está más lejos de lo que siempre quise.
Se levantó muy animado, a pesar del mes horrible que estaba pasando. Desayunó en silencio, esta vez no se puso música ni la radio, ni mucho menos la televisión. Se duchó con agua fría y ya estaba listo para empezar su rutina matinal. Salió de casa como cada mañana, cerró la puerta, le dio dos vueltas a la cerradura, miró el ascensor que no dejaba de emitir un sonido extraño y tarareando una canción bajó las escaleras.
Estaba lloviendo pero le dio igual. En quince minutos llegó al trabajo y poco a poco se fueron torciendo las cosas. Nada salió bien aquel día, su jefe le echó varias broncas, no tenía ganas de hablar y todo el mundo hablaba sobre lo que iba a pasar con él. La ilusión matinal pronto se convirtió en un nubarrón gigante. Nada le daba tranquilidad, todo le parecía mal menos su sonrisa. Solo su dulzura era capaz de darle calidez a sus entrañas, solo mirarle le daba la calma y las ganas necesarias para seguir adelante, solo su olor le hacía olvidar la sensación de no ser él que le perseguía, solo su enigmática mirada le hacía comprender dónde se escondía su felicidad...
El día acabó como todos los que empiezan, sin más misterio ni secreto que la rutina de una montaña rusa que se movía en torno a ella. Y cuando se acostó, en esos minutos en la oscuridad antes de que los ojos se le cerraran, lo entendió todo. Si no le gustaba lo que hacía, si le sentaban mal los comentarios de la gente, si le dolía que jugaran con su futuro sin su consentimiento, si la casa se hacía fría y enorme a pesar de su pequeñez, si los días no eran perfectos y las sonrisas solo duraban unos segundos, era porque ella no estaba su lado. Tan cerca de la felicidad y tan cerca de la tristeza.
La fotografía que ilustra este texto es obra deOtema
No me gusta ser catastrofista. De hecho, me cabreo muchas veces cuando todo el mundo da por sentado que actualmente la educación es una mierda y que no hay nadie que controle a los niños, pero me ha hecho tanta gracia esta viñeta que no he podido resistirme a compartirla...
"Se suele decir que, sea cual sea la verdad, la gente ve lo que quiere ver. Hay personas que pueden dar un paso atrás y descubrir que les faltaba ver las cosas con más perspectiva. Otras personas se dan cuenta de que la vida les está pasando factura. Otras pueden ver lo que estaba ahí desde el principio... Y luego estan ésas personas, aquellas que huyen lo más lejos posible para no tener que verse a sí mismos."
Gossip girl
Por muy aburrida e intrascendente que uno crea que es su vida, siempre pasan cosas. A veces tan rápido y tan constantes que casi ni se sienten. Pero cuando un día alcanzas la misma velocidad que el mundo al que vas persiguiendo lo ves todo con claridad. Entonces te das cuenta de que es el momento de parar, de dar ese salto al vacío que te ha de hacer rebotar en el suelo para volver con más energía y en un piso superior antes que estrellarte.
Una de las escenas literarias más dramáticas que conozco la descubrí cuando en el instituto tuve que leerme Niebla, de Miguel de Unamuno. Cuando Augusto Pérez decide suicidarse por (des)amor, descubre que, en realidad, no es él, que no está vivo, que existe porque el propio Unamuno le ha creado y que su final no lo puede decidir porque está en manos de su creador.
Años después, 1984, de George Orwell, me abrió los ojos. Con ella comprendí que no somos tan libres como creemos. Y lo que es peor, que no sabemos hasta qué punto estamos vigilados y cuánto están condicionados nuestros actos por las oscuras intenciones de unos pocos.
Estos días no dejo de darle vueltas a qué nos impide tomar nuestras propias decisiones, qué nos empuja hacia atrás cuando queremos avanzar, quién dirige ese contrapeso que hace que nos movamos tan lentamente cuando creemos querer ir en una dirección. ¿Quién es el manipulador de las marionetas de este teatro de títeres en el que vivimos?
La fotografía que ilustra este texto es obra deErika Daniela