
Me encanta recorrer con mi dedo índice cada centímetro de tus curvas mientras tu cuerpo late acompasado con tu respiración. Me gusta mirarte cuando duermes porque puedo contemplar sin temor a ruborizarte cada milímetro de tu cara. Ver tu sonrisa escondida tras ese profundo sueño que, muerto de celos, no quiero compartir con nadie. Que el primer rayo de sol entre por la ventana y te ilumine como lo que eres, una inmensa luz que marca el comienzo del día... aunque ese comience tan lejos de aquí...
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada