
Pesan demasiado, lo suficiente como para no poder andar con comodidad, para que cada paso que dé cueste tanto que tambalee mi rutina y casi hasta mi vida. El plomo que abulta en mi zapatilla impide que me mueva más deprisa, que todo fluya, que se deslicen mis pasos entre un cemento abrasador que me bloquea. Si algo he de confesar en noches tan oscuras como la de hoy es que tener los pies en el suelo no es una opción, es la única realidad.
La fotografía es de daniocalop93
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