jueves 3 de marzo de 2011

Mi vida por un recuerdo

Resulta que, de repente, más de sesenta años tienen fecha de caducidad. Como un calendario que de repente cae como una losa. Pensar que quizá mañana o como mucho pasado no se acuerde de lo que te acaba de decir. Ni de las caricias, de los abrazos, del cariño, de quién es quien le habla, de la alegría, de su desesperación, de cómo se piensa, de la comida, de lo que le empujó a querer, de su mujer, de que los quiere...

Intentar moverse y no poder, mirar sin saber lo que ve, imaginarse que nada es como parece y redescubrir el mundo, cada una de las estancias, casi a cada minuto que pasa. Diez años son muy pocos, pero porque recordara solo uno con nitidez, casi daría hasta la vida.