viernes, 4 de junio de 2010

Nada está en su sitio

Odio los grandes fastos. Más todavía las apariencias. Me deprime profundamente tener que estar en un sitio a disgusto sintiéndome que no pinto nada y sin poder entablar una conversación con nadie. Me duele que el teléfono suene y no me entere. Y que llame y no haya nadie al otro lado. Me agota lo que podría haber sido y no fue. Y el sms que no me atreví a mandar y sustituí por otro. Las palabras que dije de más y las copas en las que se refleja el fracaso en los hielos... ¿Sabes? Nada está en su sitio. Me siento culpable si no estás y la vida me dice que tengo que estar feliz...

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