sábado, 14 de noviembre de 2009

Al otro lado de la escalera

Me gustaría subir los escalones de dos en dos para llegar cuanto antes al claro que creo vislumbrar desde aquí abajo. Esta noche solo tengo ganas de gritar hasta encontrar la estabilidad.

Retratos de infancia

De repente me he acordado de mi niñez...

viernes, 13 de noviembre de 2009

Rutinas (¿rotas?)

Confidencias en la barra del bar al calor de unas manos amigas o incluso enemigas, perdones eternos por cosas que nunca debieron decirse, sonrisas y carcajadas impulsadas por las propias sinergias de vivir, temores y temblores nublados por malos presagios aún peores, lágrimas sentidas y compartidas, celos irracionales, comidas que no necesitan vino para acabar en jolgorio, llamadas inteligibles a horas intempestivas, mensajes divertidos en domingos aburridos, una voz metálica y divertida, obsesiones compartidas (y no), cervezas, nesteas, limonadas y cubatas sin fin, mañanas de domingo culturales, croquetas en tardes asfixiantes de trabajo, tu hipnotizadora mirada que no puedo dejar de ver en todas partes, la(tu) sonrisa más bonita del mundo... Quedan tantas y tantas cosas por venir que me aterra la posibilidad de que no pueda disfrutarlas.

La fotografía que ilustra este texto es obra de Memo Vasquez

jueves, 12 de noviembre de 2009

La importancia del momento




946.080.000 segundos, doscientos sesenta y dos mil ochocientas horas, diez mil novecientos cincuenta días, trescientos sesenta meses, treinta años, tres décadas, seis lustros... No son nada.

martes, 10 de noviembre de 2009

Agarrarse a la utopía

"¿Cómo quieres que tenga fe en la humanidad si hubo que poner cisternas automáticas en los baños públicos porque ni siquiera puedes confiar en que la gente tire de la cadena después de hacer pis?"

Fragmento de Si la cosa funciona, de Woody Allen.

Hace tiempo que dejé de tener esperanzas en aquel que comparte el viaje en autobús conmigo, en el que me cede el paso en una calle estrecha, en el que se bebe la cerveza en la misma barra que yo, en mi compañero de trabajo, en el que promete que va a cambiar el mundo, en el que regala abrazos y en el que amablemente te pide ayuda. La humanidad hace tiempo que camina perdida en manos de un capitalismo físico, psíquico y económico que nos aniquila la voluntad ahora que se cumplen veinte años del fin de una utopía mal construída. Y, sin embargo, sigo creyendo en ti y en el milagro de tu mirada.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Un presente que nunca llega

A lo lejos, tu ausencia. Tan real como tu falta de caricias, tan lejana como esa sonrisa que no es mía. Una sonrisa tan preciosa como esa calma acelerada que solo tus ojos pueden darme. Y a mi lado, el presente que nunca llegará. Y un futuro que cada vez está más lejos de lo que siempre quise.

jueves, 5 de noviembre de 2009

La fugacidad de la felicidad

Se levantó muy animado, a pesar del mes horrible que estaba pasando. Desayunó en silencio, esta vez no se puso música ni la radio, ni mucho menos la televisión. Se duchó con agua fría y ya estaba listo para empezar su rutina matinal. Salió de casa como cada mañana, cerró la puerta, le dio dos vueltas a la cerradura, miró el ascensor que no dejaba de emitir un sonido extraño y tarareando una canción bajó las escaleras.

Estaba lloviendo pero le dio igual. En quince minutos llegó al trabajo y poco a poco se fueron torciendo las cosas. Nada salió bien aquel día, su jefe le echó varias broncas, no tenía ganas de hablar y todo el mundo hablaba sobre lo que iba a pasar con él. La ilusión matinal pronto se convirtió en un nubarrón gigante. Nada le daba tranquilidad, todo le parecía mal menos su sonrisa. Solo su dulzura era capaz de darle calidez a sus entrañas, solo mirarle le daba la calma y las ganas necesarias para seguir adelante, solo su olor le hacía olvidar la sensación de no ser él que le perseguía, solo su enigmática mirada le hacía comprender dónde se escondía su felicidad...

El día acabó como todos los que empiezan, sin más misterio ni secreto que la rutina de una montaña rusa que se movía en torno a ella. Y cuando se acostó, en esos minutos en la oscuridad antes de que los ojos se le cerraran, lo entendió todo. Si no le gustaba lo que hacía, si le sentaban mal los comentarios de la gente, si le dolía que jugaran con su futuro sin su consentimiento, si la casa se hacía fría y enorme a pesar de su pequeñez, si los días no eran perfectos y las sonrisas solo duraban unos segundos, era porque ella no estaba su lado. Tan cerca de la felicidad y tan cerca de la tristeza.

La fotografía que ilustra este texto es obra de Otema

¿A dónde nos dirigimos?

No me gusta ser catastrofista. De hecho, me cabreo muchas veces cuando todo el mundo da por sentado que actualmente la educación es una mierda y que no hay nadie que controle a los niños, pero me ha hecho tanta gracia esta viñeta que no he podido resistirme a compartirla...

martes, 3 de noviembre de 2009

¡Salta!

"Se suele decir que, sea cual sea la verdad, la gente ve lo que quiere ver. Hay personas que pueden dar un paso atrás y descubrir que les faltaba ver las cosas con más perspectiva. Otras personas se dan cuenta de que la vida les está pasando factura. Otras pueden ver lo que estaba ahí desde el principio... Y luego estan ésas personas, aquellas que huyen lo más lejos posible para no tener que verse a sí mismos."

Gossip girl

Por muy aburrida e intrascendente que uno crea que es su vida, siempre pasan cosas. A veces tan rápido y tan constantes que casi ni se sienten. Pero cuando un día alcanzas la misma velocidad que el mundo al que vas persiguiendo lo ves todo con claridad. Entonces te das cuenta de que es el momento de parar, de dar ese salto al vacío que te ha de hacer rebotar en el suelo para volver con más energía y en un piso superior antes que estrellarte.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Cuerdas que atan

Una de las escenas literarias más dramáticas que conozco la descubrí cuando en el instituto tuve que leerme Niebla, de Miguel de Unamuno. Cuando Augusto Pérez decide suicidarse por (des)amor, descubre que, en realidad, no es él, que no está vivo, que existe porque el propio Unamuno le ha creado y que su final no lo puede decidir porque está en manos de su creador.

Años después, 1984, de George Orwell, me abrió los ojos. Con ella comprendí que no somos tan libres como creemos. Y lo que es peor, que no sabemos hasta qué punto estamos vigilados y cuánto están condicionados nuestros actos por las oscuras intenciones de unos pocos.

Estos días no dejo de darle vueltas a qué nos impide tomar nuestras propias decisiones, qué nos empuja hacia atrás cuando queremos avanzar, quién dirige ese contrapeso que hace que nos movamos tan lentamente cuando creemos querer ir en una dirección. ¿Quién es el manipulador de las marionetas de este teatro de títeres en el que vivimos?

La fotografía que ilustra este texto es obra de Erika Daniela