jueves, 5 de noviembre de 2009

La fugacidad de la felicidad

Se levantó muy animado, a pesar del mes horrible que estaba pasando. Desayunó en silencio, esta vez no se puso música ni la radio, ni mucho menos la televisión. Se duchó con agua fría y ya estaba listo para empezar su rutina matinal. Salió de casa como cada mañana, cerró la puerta, le dio dos vueltas a la cerradura, miró el ascensor que no dejaba de emitir un sonido extraño y tarareando una canción bajó las escaleras.

Estaba lloviendo pero le dio igual. En quince minutos llegó al trabajo y poco a poco se fueron torciendo las cosas. Nada salió bien aquel día, su jefe le echó varias broncas, no tenía ganas de hablar y todo el mundo hablaba sobre lo que iba a pasar con él. La ilusión matinal pronto se convirtió en un nubarrón gigante. Nada le daba tranquilidad, todo le parecía mal menos su sonrisa. Solo su dulzura era capaz de darle calidez a sus entrañas, solo mirarle le daba la calma y las ganas necesarias para seguir adelante, solo su olor le hacía olvidar la sensación de no ser él que le perseguía, solo su enigmática mirada le hacía comprender dónde se escondía su felicidad...

El día acabó como todos los que empiezan, sin más misterio ni secreto que la rutina de una montaña rusa que se movía en torno a ella. Y cuando se acostó, en esos minutos en la oscuridad antes de que los ojos se le cerraran, lo entendió todo. Si no le gustaba lo que hacía, si le sentaban mal los comentarios de la gente, si le dolía que jugaran con su futuro sin su consentimiento, si la casa se hacía fría y enorme a pesar de su pequeñez, si los días no eran perfectos y las sonrisas solo duraban unos segundos, era porque ella no estaba su lado. Tan cerca de la felicidad y tan cerca de la tristeza.

La fotografía que ilustra este texto es obra de Otema

4 comentarios:

hesisair dijo...

De lo poco que he aprendido de esta vida, es que las cosas se ven de otra manera con alguien al lado.... Y si encima es alguien que quieres, es la leche... o éso dicen

Cristina dijo...

En realidad, damos demasiada importancia a lo que nos falta.

Irene Jansen dijo...

Jo. Prometo que no suelo llorar la primera vez que visito un blog. Qué corte por favor, no me lo tomes a mal. Simplemente es que parece que hables de mi, y de mi triste realidad cotidiana.

Dani dijo...

@hesisair:No hay dos momentos iguales ni aunque hagas lo mismo con personas diferentes. Eso es lo maravilloso de la vida.

@CRD: Sí y no... Creo que si a algo se le da importancia es porque realmente es lo que te pide el cuerpo y no creo que sea bueno ir contra los deseos...aunque con matices, claro!

@Irene Jansen: Bienvenida!!No te preocupes que has ido a parar con un llorica así que no te lo tendré en cuenta ;) Y la realidad cotidiana no puede ser triste, piensa en todo lo bonito que te pasa cada día (Por lo menos, inténtalo...):)