
"Entre millones de isbas rusas no hay ni habrá nunca dos exactamente iguales. Todo lo que vive es irrepetible. Es inconcebible que dos seres humanos, dos arbustos de rosas silvestres sean idénticos... La vida se extingue allí donde existe el empeño de borrar las diferencias y las particularidades por la vía de la violencia"
Vasili Grossman ("Vida y destino")
Un día me dio un ataque de "literatitis" (de vez en cuando sufro de esta enfermedad que me hace ir a las librerías a comprar un libro de esos que leen los grandes críticos y expertos supongo para convencerme de que también soy capaz de leer esa clase de obras) y compré Vida y destino, de Vasili Grossman. No sabía nada de él pero me pareció que me iba a gustar, ha estado en mi estantería bastante tiempo hasta que ayer por la noche decidí emprender su lectura. Apenas llevo veinte páginas pero me está consiguiendo enganchar ya. Como hasta que no lo acabe (y creo que me llevará su tiempo, sobre todo porque carezco de él en demasía) no puedo hacer un análisis más o menos coherente, me conformo con destacar este párrafo con el que abro este post que está, sí, comienzo potente, en la primera página del libro.
La frase está enmarcada dentro de los salvajes campos de concentración que se impusieron en el estalinismo y en el nazismo pero se puede trasladar al tiempo que queramos. Siempre me ha producido terror la uniformidad, el pensamiento único y el mismo proceder y no solo el que se impone por la violencia. El pensamiento único es el principio del fin de la humanidad y, por eso, miro con preocupación como cada vez más, nos imponen la misma educación, la misma cultura, la misma ropa, los mismos gustos y los mismos hábitos de ocio sin que a nadie parezca preocuparle en exceso. Quizá por eso, siempre he encontrado extremadamente bella la asimetría (todos me dicen raro por ello!!!) y salvajamente aterradora la simetría de determinadas ciudades y edificios.
La frase está enmarcada dentro de los salvajes campos de concentración que se impusieron en el estalinismo y en el nazismo pero se puede trasladar al tiempo que queramos. Siempre me ha producido terror la uniformidad, el pensamiento único y el mismo proceder y no solo el que se impone por la violencia. El pensamiento único es el principio del fin de la humanidad y, por eso, miro con preocupación como cada vez más, nos imponen la misma educación, la misma cultura, la misma ropa, los mismos gustos y los mismos hábitos de ocio sin que a nadie parezca preocuparle en exceso. Quizá por eso, siempre he encontrado extremadamente bella la asimetría (todos me dicen raro por ello!!!) y salvajamente aterradora la simetría de determinadas ciudades y edificios.
La fotografía que ilustra este texto es obra de Raulillo
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