


Siempre había pensado que el mundo del cómic no era para mí. A mis casi 30 años seguía anclado en los Astérix, Superlópez(s) y Mortadelos que había leído (no en demasía, también es verdad) en mi tierna y (no) adorable infancia. Hasta que un buen día, en casa de una amiga ví en su estantería un gran arsenal de cómics de los que ya me había hablado en alguna que otra ocasión. Para alguien tan neofito en la materia del cómic, tal cantidad me abrumaba y eso, a pesar de que ella, me decía casi sin cerrar los ojos de qué iba cada uno. Por eso era necesaria su recomendación. Y ahí, en ese momento, empezó mi pequeña reconciliación (si es que algún día estuvimos enfadados) con el género.Me llevé Torpe, de Jeffrey Brown y descubrí una historia adorablemente tierna, dibujos sencillos y aventuras de pareja de dos seres tan raros como sensibles y profundos. Sí, lo diré también, es recomendable para gente blandita y para los que tienen una relación de pareja pero es entretenido y válido para todos.
A Torpe le siguió Inolvidable, de Álex Robinson. Maravilloso. El protagonista recibe un tratamiento para dejar de fumar que le traslada a 1985, cuando él aún estudiaba en el instituto. Ahí están los chicos que le martirizan, la chica de la que está enamorada pero a la que no se atreve a decir nada, los amigos, sus primeras experiencias con el alcohol... Si pudieras, ¿corregirías errores del pasado? (he aquí un tema que quizá desarrolle en otro post). Si a eso le unimos unos dibujos con trazos acordes al argumento del mismo, tenemos un cómic genial... Y sí, también es muy recomendable para blanditos (como yo, por mí, no por ti, apuntaría alguno).
Después llegó Pildoras azules, de Frederik Peeters, que acabo de terminar. Una historia de amor a pesar de todo, una trama de sufrimiento, amistad y cariño pese a las dificultades y sobre todo un alegato a las ganas de vivir contado en clave de cómic con el VIH de fondo.
Y entre ellos, me ha dado tiempo a indagar por mi cuenta y encontrar Arrugas y El juego lúgubre, de Paco Roca y, en otro nivel de profundidad, las viñetas de Macanudo, del gran Liniers y Agustina, de Enrique Mendoza y Fernando Monzón. Creo que poco a poco me convertiré en un lector medio de comics. Y el caso es que me gusta la idea. Si queréis recomendarme alguno, estoy abierto a todo tipo de sugerencias.
Después llegó Pildoras azules, de Frederik Peeters, que acabo de terminar. Una historia de amor a pesar de todo, una trama de sufrimiento, amistad y cariño pese a las dificultades y sobre todo un alegato a las ganas de vivir contado en clave de cómic con el VIH de fondo.
Y entre ellos, me ha dado tiempo a indagar por mi cuenta y encontrar Arrugas y El juego lúgubre, de Paco Roca y, en otro nivel de profundidad, las viñetas de Macanudo, del gran Liniers y Agustina, de Enrique Mendoza y Fernando Monzón. Creo que poco a poco me convertiré en un lector medio de comics. Y el caso es que me gusta la idea. Si queréis recomendarme alguno, estoy abierto a todo tipo de sugerencias.
1 comentario:
¿Maus? Es muy famoso, pero si no lo conoces, a mi me encantó.
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