miércoles, 28 de abril de 2010

¡Dos puntos!

Cuando era pequeño (y no tanto), recuerdo que me pasaba horas y horas (así me iba) en mi cuarto jugando con mi canasta de baloncesto, inventándome torneos y partidos que nunca iba a jugar. Así pasaba las horas y era el más feliz del mundo metiendo canastas imposibles, cambiando los finales que no me gustaban de los partidos de mi equipo y soñando (ingenuo) con que algún día jugaría a baloncesto de verdad en un club importante. Aquella canasta se rompió y de ese tiempo solo queda en mi cuarto, en casa de mis padres, una pelota de espuma con la que aún juego en algún momento de nostalgia en alguna visita.

Hoy he vuelto a ser un niño. Se me había olvidado el sonido de la pelota pasando por la red. Vuelvo a ser jugador de baloncesto. Hoy soy muy feliz.

1 comentario:

hesisair dijo...

Yo recuerdo cierta canasta de verdad en una terraza de verdad cuando eras todavía más joven.
Y lso tapones qeu te comías... cuando todavía era capaz de ganarte... :-p