Mi vecino ya no se ducha como antes. No sé cuál es el motivo pero ahora su rutina es totalmente diferente y, con ella, la mía también. A las dos y media de la madrugada se oye una llave intentando abrir el portal de mi edificio, después de un leve forcejeo provocado por la dureza de la cerradura y el desgaste de la llave, el joven (creo porque aún no he logrado desvirtualizar su existencia) logra abrir la puerta y se cierra con un golpe duro. Llega a su casa y enciende el televisor en un canal de teletienda que se queda a todo volúmen buena parte de la noche.El resto del vecindario se ha vuelto muy aburrido y anodino. Hace días que no me encuentro a la abuela metomentodo y mi vecino de enfrente lleva más de un año sin aparecer. Por si fuera poco, la bicicleta que aparecía casi siempre en el ascensor cuando me iba, también ha dejado de vivir en mi edificio. Todo a mi alrededor cambia, sus rutinas, las existencias, las compañías... En mi vecindario parecen adaptarse a los cambios perfectamente. Me temo que yo no seré capaz. Que cuando la distancia inunde mis días grises me sentiré perdido y sin brújula, con el temor y la inseguridad de que nada será lo mismo, con la fragilidad y el miedo de... En la casa azul nunca sabes a qué hora amanece porque, en realidad, nunca puedes saber cuánto de largas se van a hacer las noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario