Siempre me han gustado los caminos largos, tanto que me he perdido en ellos muchas veces... Lo difícil es encontrar el camino de regreso una vez que no sabes dónde estás.
Maravillosa My blueberry nights.
Un disparo al aire acabó con la vida de Francisco Anguas Barragán. El mismo proyectil que mató a Salvador Puig Antich, a pesar de que su muerte efectiva llegara por garrote vil (el método más salvaje de asesinar a una persona) cuatro meses después. El 25 de septiembre de 1973, en el portal número 70 de la calle Girona de Barcelona se escribió uno de los últimos episodios más absurdos, sangrientos y estúpidos de un agonizante régimen franquista, capaz de desconectar un teléfono para no tener que rechazar la petición de amnistía del Vaticano para Puig Antich.
chas críticas entre los grupos de izquierda, miembros de aquellos grupos. Quizá, y es una reflexión a título personal, no era marxista, ni leninista, ni anarquista, ni comunista pero tenía muy claro que las dictaduras son las peores formas de gobierno y que nada cambia si no te enfrentas a ellas.
Me asustan las cosas que no puedo controlar, los rechazos, el no poder pensar porque me sobrepasa la situación. Me dan miedo los silencios de las noches de invierno, las sombras en la oscuridad de mi cuarto, los sonidos que, somnoliento, no soy capaz de identificar, el viento chocando furioso contra la persiana de mi habitación, los niños con cara de malos. Me atormentan las pesadillas que me recuerdan lo que fui y lo que no soy, el mirarme al espejo y ver que no soy el que era antes y que las promesas se quedaron en algún lejano bar, el pensar que un día no pueda ni subir unas simples escaleras o que abra un libro y no sea capaz de leerlo, o mucho peor, que lo lea y al pasar la página ya no me acuerde de lo que he leído. Me duele pensar en mí...y en tí. Pero tengo dos temores que me aterrorizan por encima de cualquier cosa: la soledad y la antisociabilidad patológica.
Me encanta hacer entrevistas. Creo que es una de las cosas más maravillosas que me permite hacer mi profesión. Y casi disfruto más preparándolas, documentándome que realizándolas. Aunque eso no quiere decir que no me guste hacerlas porque me encanta confrontar mis conclusiones con las del entrevistado e intentar forzarle y exprimirle todo lo que pueda (verbalmente hablando, claro). Hace unos meses (no recuerdo cuántos pero puede que nos acerquemos al año), vino Nativel Preciado a presentar su libro Llegó el tiempo de las cerezas.
Normalmente las cosas que suceden por casualidad suelen ser las más intensas y las más emocionantes, quizá por su propia concepción, por ser inesperadas. Y lo mismo suele pasar con los libros o la música que llega a tus manos sin querer. Hace dos años estaba oyendo la radio local y estaban entrevistado a un, para mí desconocido, autor peruano, Fernando Iwasaki. Hablaba de su libro Ajuar funerario y enseguida pensé que me gustaría tenerlo, me había despertado mucho interés. Cuando llegué a trabajar esa misma tarde, como una visión reveladora,... ¡estaba el libro sobre la mesa! Ajuar funerario es un libro de relatos cortos de miedo realmente apasionante. Es increíble como Iwasaki puede crear esas sensaciones con apenas 200 palabras en ocasiones. Buena prueba de ello es este relato, titulado El deseo:
Nadie sabe qué le pasó. Ya nunca más volvió a sonreír. La luz que desprendía en ocasiones especiales se apagó. Nadie se pudo acercar a él. Construyó una coraza que impedía que se escuchasen los latidos de su corazón. Quizá por miedo, o por desidia, empezó a abandonarse, a encerrarse en un mundo en el que nada parecía ir mal...pero lo iba. Los días pasaban sin pena ni gloria y no era capaz de gritar, no tenía ganas de clamar que quería ser el de antes. Ninguna de las personas que le querían eran capaces de devolverle la alegría.