¡Por fin he descubierto que la publicidad de Spotify sirve para algo! Llevaba días pensando que tenía que escuchar el nuevo disco de Sidonie (El incendio) pero siempre se me olvidaba... hasta que he oido el anuncio y me he lanzado a escucharlo. Me gusta la nueva simplificación del sonido que han hecho con respecto a La costa azul. Melodías sencillas, ritmos potentes y canciones cortas con estribillos que llegan. A veces las cosas son más sencillas de lo que las hacemos.
Me encanta el single, El incendio, y el vídeoclip. Supongo que no es nada innovador porque para eso están hechos los primeros singles pero me ha enganchado de verdad. Habrá que propagar el incendio.
Por cierto, ellos mismos recomiendan escuchar el disco entero, de una vez, para saborearlo en plenitud. Sinceramente, creo que es mucho pedir en el mundo en que vivimos que alguien dedique 40 minutos seguidos a escuchar música con atención...
Me encantó Azuloscurocasinegro, de Daniel Sánchez Arévalo, y por eso tengo bastante ganas de que por fin llegue su nueva película, Gordos, al cine. Hoy leyendo una entrevista que sale publicada en El Periódico, me he sentido identificado con alguna de sus respuestas:
--¿Qué cosas le quitan el sueño?
--Duermo muy mal desde pequeño. Me quita el sueño el ruido, la luz, trasnochar, meter la pata, ser pillado en una mentira, fallar a una persona querida y rodar.
--¿Cómo cree que le ven los demás: tal y como es, mejor de como es, o peor de como es?
--Entre tal y como soy y mejor de como soy. Siempre he tenido cara de niño bueno. Puedo estar en un rodaje con una gran sonrisa y trasmitiendo mucha paz, y por dentro estar sufriendo un ataque de ansiedad o estar cagándome en todo lo que se menea.
--¿Qué tal lleva las críticas?
--Soy muy vulnerable. No acabo de encontrar un mecanismo de defensa, pero nunca las rechazo. Las acepto, siempre que vengan con respeto. Son fundamentales para mejorar.
--¿Qué cambiaría de su vida?
--El pensar que cada momento bueno hay que pagarlo con uno malo; que el 1% negativo pueda más que el 99% positivo. La necesidad de vivir en conflicto permanente conmigo mismo. Me agoto.
Hay veces que estás tan a gusto en una rutina instaurada, en una situación que te resulta cómoda y agradable, que te da pánico que algo la mueva, tienes terror a que la mínima variación haga que todo vuelva a ser como antes. Y es entonces cuando te planteas qué era de tu vida antes, cuando la rutina instaurada no era esta y cuando la alegría tenía otra causa quizá no identificada. Y aún así, nada te quita el terror a que todo gire y todo cambie... y a que tu universo se aleje.
La fotografía que ilustra este texto es obra deA.Guandalini
1. m. Vigilia, falta de sueño a la hora de dormir.
Los minutos de las horas no dejan de sonar. Yo no duermo. Pienso. Sueño. ¿Qué probabilidades hay de que mañana sea millonario? ¿Y de que mañana cuando salga el sol todo sea diferente? No duermo. Pienso. Sueño. Enredo. Pienso. Te sueño. Sigo sin dormir. Y a pesar de todo, espero que todo cambie. Soñar no hace daño nadie, ni siquiera a los besos perdidos. Te pienso. No duermo.
¿Cómo seré cuando no sea yo? Cuando el tiempo haya modificado mi estructura, y mi cuerpo sea otro, otra mi sangre, otros mis ojos y otros mis cabellos. Pensaré en ti, tal vez. Seguramente, mis sucesivos cuerpos --prolongándome, vivo, hacia la muerte-- se pasarán de mano en mano de corazón a corazón, de carne a carne, el elemento misterioso que determina mi tristeza cuando te vas, que me impulsa a buscarte ciegamente, que me lleva a tu lado sin remedio: lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos -qué importa que no sean estos ojos- te seguirán a donde vayas, fieles.
Ángel González
"--¿Por qué sonríes? Será que estar contigo me hace estar feliz."
Una conversación perdida en un lugar de trabajo cualquiera
"Artículo 134. Durante esta ola de calor he recordado mucho a un profesor suplente de Lengua que tuve en el colegio durante un mes y que nos daba clase de 13.00 a 14.00 horas. Era un hombre mayor, que odiaba mucho el calor y siempre nos hablaba de la película Fuego en el cuerpo, donde todos los personajes (William Hurt, Kathleen Turner y Richard Crenna) viven una ola de calor y un policía acaba diciendo: "Con el calor la gente se pone tan nerviosa que cree que las leyes no existen, que se funden con la temperatura y que uno puede actuar libremente"
Nunca entendí por qué siempre hablaba de esa película, pero le encantaba recitarnos muchos diálogos. También cada día nos ponía en la pizarra frases que debíamos aprender a decir en nuestra vida y otras que debíamos obviar. Entre las importantes: "perdón", "gracias" y "lo siento". Las olvidables: "perdona pero", "gracias, aunque" y "lo siento excepto porque". Nos contaba cómo la palabra posterior minimizaba el poder de la anterior. (...)
Él desapareció a los 30 días, no recuerdo ni siquiera su nombre, pero lo último que escribió en la pizarra fue: "La importancia del romper". Y nos habló de que nunca olvidáramos que debíamos "romper a reír o romper a llorar", que por esos sentimientos sí que valía la pena que nos hiciéramos añicos.
Con esta ola de calor lo he recordado. Y por eso he vuelto a ver Fuego en el cuerpo y sigo creyendo que la influencia de un maestro, aunque sea mensual, es siempre ilimitada."
Albert Espinosa
La fotografía que ilustra este texto es obra devicky's photos
"Aquel que dijo más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas se escapan a nuestro control. En un partido hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red y durante una fracción de segundo puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue adelante y ganas, o no lo hace y pierdes."
Nunca me ha gustado la obsesión de las personas por alcanzar la perfección. Casi parece que si no eres capaz de estar cerca de ella no merece la pena vivir. Me paso el día escuchando noticias que hablan del partido perfecto, leyendo entrevistas que preguntan por las noches perfectas, descifrando como los dependientes te venden una ropa perfecta, como determinados grupos han compuesto la canción perfecta sin hablar de la alimentación correcta para el verano, el coche ideal o lo que hay que hacer para evitar no sé qué nueva enfermedad tropical.
Y entre tanta tontería, no me avergüenza decir que ayer pasé una noche que rozó la perfección. Es más, me gustaría gritarlo a los cuatro vientos. Aunque no sonara Toda la noche en la calle. ¿Cuándo llegue el nuevo día dormiremos a la orilla del mar?
"La respuesta de Ariel ha devuelto a Sylvia de un bofetón a la realidad. Le recuerda quién es él, quién es ella. Los pies en el suelo. Tendrá que evitar que Ariel se cuele por todas las rendijas de su fantasía, de su imaginación. Tendrá que vigilar que no asalte sus sueños, los ratos en que su pensamiento se evade. Que no se introduzca en sus lecturas, en la música que escucha. Que no alimente los ratos muertos con el anhelo de una llamada de él, de un contacto que no llega. Sabe que el único placer del que puede disfrutar es el que provoca esa punzada de dolor, esa especie de desolado conformismo. Está triste, pero al menos la tristeza es suya, la ha fabricado ella con sus expectativas, no se la ha provocado nadie, no es víctima de nadire Se siente bien en ese sufrir, no le molesta. Se tumba. A esperar. No sabe qué."