domingo, 25 de octubre de 2009

Privilegios de otro siglo

"En un mundo en que todos trabajaran pocas horas, tuvieran bastante que comer, vivieran en casas cómodas e higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizá un aeroplano, habría desaparecido la forma más obvia e hiriente de desigualdad. Si la riqueza llegaba a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posible imaginarse una sociedad en que la riqueza no, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distribuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por si mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia."

Fragmento de 1984, de George Orwell.

Cada vez estoy más convencido que las cosas nunca son como nos las cuentan, que hay más negro que blanco en las realidades sociales que nos saturan los telediarios y los periódicos de cada día y que el Ministerio de la Verdad se viste con otro uniforme en el siglo XXI. Si hay un libro que me impactó en cuanto a la descripción de la sociedad fue 1984, un bello ejemplo de las antiutopías. Ojalá el parecido con la realidad fuera solo eso...

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