sábado, 30 de octubre de 2010

¿Sigues ahí?


Indeciso sé lo que voy a hacer, no es tan difícil, simplemente hay que dar un paso, grande pero al final solo es uno más, olvidarme de los perjuicios y pensar que en el vacío a veces hay muchas cosas a las que agarrarse. Estoy triste. Quizá solo tú puedas arrasar con esto...

domingo, 24 de octubre de 2010

Otoño

Se ha ido el verano. Un año más me han sorprendido las hojas cayendo de los árboles y las ramas luchando por encontrar su lugar. Y sin avisarme. Con lo mal que me sienta a mí el otoño. En la calle, el mismo lugar sigue vacío, quizá esperando a que tu coche vuelva a encender los intermitentes allí donde ya no hay ni olvido. No hace frío pero tengo escalofríos. Es lo que tiene la noche, que nada es lo que es. Menos mal que suena el teléfono... Nada es igual. Este otoño es diferente al otro.

viernes, 15 de octubre de 2010

¿Por qué te fuiste?

El viento acaricia mis oídos como si tu presencia volviera a ser real. Como si quisieras susurrarme que sigues aquí, entre nosotros. Que todo pasó, que fue una broma, quizá de mal gusto, que solo querías comprobar que todo seguía igual, que no querías hacernos daño... Silbas como si estuvieras a cada paso, en cada instante, en cada barra de bar que he recorrido estos días.

Todo es injusto. Me atormentan tus recuerdos y el no saber si mañana volverá a pasar lo mismo... No duermo. No puedo cerrar los ojos. La tristeza me aletarga, me apelmaza, recordando como se apagó la luz hace un año. Soy injusto, no quiero echarte de menos, siento rabia de mí mismo porque quisiera que desaparecieras de mi recuerdo... ¿Por qué te fuiste? Un año después, todavía recuerdo aquella llamada de teléfono.

P.d. Creo que es lo más caótico que he escrito en años... Como mi cabeza hoy...

jueves, 7 de octubre de 2010

Tristezas

I.

Díme que allí donde estés, a veces te acuerdas de mí, de lo que pudo ser, de lo que no fue, de lo que te dije y te escribí, de lo que hablamos una noche cualquiera, hazme creer que te olvidaste de mandarme tu número para que pudiera llamarte...

II.

Díme que cuando te vayas de aquí y estés tan lejos que no puedas oírme, que cuando grite pidiendo auxilio, habrá un hueco para mí, que tu luz eterna me seguirá guiando entre la oscuridad, que tu mano será más fuerte y que continuarás siendo mi referente para luchar contra las tempestades que han de venir.

La fotografía es de josegrancanaria

lunes, 4 de octubre de 2010

La casa azul II

Mi vecino ya no se ducha como antes. No sé cuál es el motivo pero ahora su rutina es totalmente diferente y, con ella, la mía también. A las dos y media de la madrugada se oye una llave intentando abrir el portal de mi edificio, después de un leve forcejeo provocado por la dureza de la cerradura y el desgaste de la llave, el joven (creo porque aún no he logrado desvirtualizar su existencia) logra abrir la puerta y se cierra con un golpe duro. Llega a su casa y enciende el televisor en un canal de teletienda que se queda a todo volúmen buena parte de la noche.

El resto del vecindario se ha vuelto muy aburrido y anodino. Hace días que no me encuentro a la abuela metomentodo y mi vecino de enfrente lleva más de un año sin aparecer. Por si fuera poco, la bicicleta que aparecía casi siempre en el ascensor cuando me iba, también ha dejado de vivir en mi edificio. Todo a mi alrededor cambia, sus rutinas, las existencias, las compañías... En mi vecindario parecen adaptarse a los cambios perfectamente. Me temo que yo no seré capaz. Que cuando la distancia inunde mis días grises me sentiré perdido y sin brújula, con el temor y la inseguridad de que nada será lo mismo, con la fragilidad y el miedo de... En la casa azul nunca sabes a qué hora amanece porque, en realidad, nunca puedes saber cuánto de largas se van a hacer las noches.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Entrevistas pomposas

Todo el mundo habla de la devaluación del periodismo, de la crisis del mercado y sobre todo de la separación del periodista (o mejor dicho, del producto periodístico) de la calle. No soy nada agorero, siempre he creído que las situaciones nunca están tan mal como se dice y no me gusta que todo el mundo entre a este debate porque la mayoría no ha abierto un periódico en su vida y lo máximo a lo que llega es a ver la televisión de vez en cuando.

Y supongo que debido a este contexto, me planteo la siguiente reflexión, que seguro ha hecho alguien antes. ¿En qué se ha convertido la entrevista? Ya no se critica, se reflexiona o se valora. una situación o un acto. Se ha impuesto el modelo de darle la palabra al protagonista y que él venda su producto (o su acción). En realidad, se está regalando un espacio para que cuente lo que quiera y cómo quiera. Algo que se multiplica cuando las preguntas no son incisivas ni sinceras... Me encantan las entrevistas, he hecho muchas de las que aquí critico, pero ¿realmente sabemos a dónde vamos?

viernes, 17 de septiembre de 2010

La espiral del silencio

En una clase aburrida de hace años descubrí la espiral del silencio. Elisabeth Noelle-Neumann venía a decir que es improbable que una persona que se siente en minoría dentro de un grupo dé una opinión contraria a lo que piensa la mayoría. Así se explican fenómenos como el nazismo (que abomina a casi todos pero no tuvo apenas contestación social en Alemania ni en círculos privados) o algunos tan dispares como las prohibiciones o no de fumar en un determinado sitio.

Sinceramente, a mí me da que pensar y no en la miseria de la raza humana. Por ejemplo, ¿es posible que sea una teoría para lavar la culpabilidad de los alemanes? ¿Realmente una persona ante la barbarie no es capaz de levantar la voz e intentar impedirlo por muy discrepante que sea su voz? ¿La estarán utilizando los políticos para fines que se nos escapan e incluso para aplacar descontentos sociales?

Por cierto, esta teoría solo se ha podido demostrar en las culturas occidentales... ¿Estará la globalización alienando nuestra voluntad?

jueves, 16 de septiembre de 2010

Si te vas, si me voy...

Si tú te vas, el egoísmo me invadirá hasta que no pueda gritar tu ausencia, hasta que el equilibrio que se construyó en este mundo de injusticias quede dinamitado por los aires.

Si yo me voy, los kilómetros pesarán aunque las neuronas traten de paliarlo con expresiones que un día sonarán a diferente.

martes, 14 de septiembre de 2010

Sueños y más sueños

Un sueño me persigue los últimos días. Las olas rompen con fuerza contra el acantilado. Y yo las miro desde arriba.

La fotografía es de Toral

sábado, 11 de septiembre de 2010

El amor por la literatura rusa

La literatura rusa. Esa gran desconocida y alabada por cualquiera que quiere dárselas de culto o de algo parecido. Así las cosas si yo confieso que me acabo de leer Aelita, de Alexéi Tolstoi, supongo que quedaré como uno de esos... Aelita, además de una película de cine mudo, es una novela de ciencia ficción escrita en los años 20 que refleja con una asombrosa minuciosidad la vida en Marte, donde reina una sociedad similar a la Rusia prerrevolucionaria. Un libro en el que nada es lo que parece y en el que la importancia de las sociedades está muy presente. Y no, no es un libro de propaganda comunista ni mucho menos. A veces cuesta entender como regímenes tan estrictos y controladores con lo que se publica no fueran capaces de ver la segunda lectura de la novela...

Y para lavar mi imagen de un cultureta cualquiera, os confesaré cómo llegó el libro a mis manos. Entre la maraña de novelas que habitan en el suelo del puesto de trabajo de mi jefe, ví una T roja enorme sobre un fondo plateado que me llamó la atención. Sí, era la portada de la novela. Así de interesado estaba en la literatura rusa...