
A la mitad de mis vecinos no los conozco. De la otra mitad, poco puedo decir pero algo ya sé de ellos... Mi vecina de arriba es una rubia guapísima y encantadora... hasta que descubrí que vivía con su novio, día desde el que trato de convencerme de que no es para tanto. Sobre todo porque como un reloj milimétrico más cerca de una patología psiquiátrica que de una casualidad fortuita que se repite día tras día a las 3 de la madrugada, ella (o él o los dos juntos, quién sabe) se da una ducha de la que se entera todo el vecindario. En el silencio de la noche se puede seguir con precisión como abre la mampara, como gira los dos grifos que empiezan a expulsar agua, como esta cae a la bañera mitigada por el cuerpo de ella, como desencaja la alcachofa de su pedestal... Todo. ¡Puedes seguir su ducha casi en directo y a las tres de la madrugada! Lo más curioso de todo es que, después, ni sale de casa para ir a trabajar ni nada de nada. A las tres y veinte llega el silencio más absoluto solo enturbiado por el llanto de un niño que el patio interior multiplica hasta límites insospechados y que, por más que lo desee, no calla nunca.
A veces al mediodía me encuentro una señora mayor por las escaleras que me mira con cara escrutadora de Y este joven microbio de donde diantres ha salido, todo lo contrario que mi vecino de enfrente, un anciano trajeado e inmaculado que me dice que "los jóvenes tienen que divertirse". Y en algún piso que desconozco vive una bici. Bueno, supongo que vive alguien que tiene una bici pero es que van dos veces que solo veo la bici en el ascensor sin nadie que la monte...
1 comentario:
Este es cojonudo. Enhorabuena!!!
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