viernes, 5 de junio de 2009

Loco por los libros de bolsillo

Mucha gente los odia, los considera de segunda clase, imposibles de ser valorados porque el paso del tiempo los desgasta, dicen. Sin embargo, a mí me encantan por su tamaño, su precio y, sobre todo, por ese olor a papel que desprenden que me recuerda a libro interesante (aunque a la hora de la verdad muchos de ellos no lo sean pero dejadme vivir con la ilusión...). Hablo de los libros de bolsillo. Soy capaz de pegarme horas y horas (ejem, minutos y minutos) en la librería mirándolos, novedades y no novedades. He descubierto muchas obras gracias a este formato que jamás se me hubiera ocurrido ni intentar leer.

Hablo de esto porque me acaban de regalar dos ejemplares de este tipo, dos pequeñas joyas de la literatura, cada uno en su justa medida: El diario de Anna Frank y Rayuela, del gran Julio Cortázar. Y me encanta tenerlos en la mesilla de noche, simplemente para hojearlos y leerme páginas sueltas de vez en cuando porque su verdadera lectura no la empezaré hasta que me quite un marrón que tengo el domingo del que prefiero no hablar para no agobiarme mucho...

P.D. Curioso nombre también lo de libros de bolsillo porque ¿alguien ha tenido en sus manos El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder en formato bolsillo? ¿O El hombre de los dados, de Luke Rhinehart o El Evangelio según Jesucristo, de Saramago? Si en algo coincidiremos es que muy manejables no son y que en los bolsillos precisamente no caben...

2 comentarios:

hesisair dijo...

El libro de "bolsillo" es una maravilla. Se guarda fácil, se lee muy bien (seamos serios, la tapa dura es incómoda para leer) y aguanta más tute. Una maravilla.

Dani dijo...

Hombre, eso de que aguanta más tute es discutible pero sí, lo dice un convertido a la religión del libro de bolsillo, son una pequeña joya... Ains, lo que me he perdido tanto tiempo!!