miércoles, 25 de noviembre de 2009

El reloj del tiempo

Las prisas no son buenas consejeras para nada. Ojalá pudiera manipular el tiempo a mi antojo, pero solo hacia delante para que cuando quisiera ir hacia atrás me diera cuenta de todo lo que me he perdido por estar cegado con algo que aún no ha llegado. Sería una bonita lección.

Me gustaría que llegara ya el 2010 pero si eso significa que me voy a perder este mes y poco de sonrisas, barras de bar, chistes sin gracia, anécdotas silenciosas, miradas que comprenden un infierno, subidones, tardes enteras de hastío y no saber en qué pensar para desagobiarse, peleas enconadas que al final no tienen más importancia, noches de insomnio y de series, películas, consejos de amigo, taquilleras que no esbozan ni media sonrisa pero que me gustan, escaleras mecánicas que me aterrorizan, líneas continuas que indican por donde no se puede pasar, conciertos, cumpleaños, regalos de navidad... y tantas y tantas cosas insignificantes que dan fuerza para vivir, no quiero que los segundos sean minutos, ni que los minutos sean horas, ni que éstas sean días... Por todo esto y porque, además, hoy tengo más que nunca miedo al futuro.

2 comentarios:

chose dijo...

Claro que te seguiremos leyendo.

Fuerza, sí.

Buen día.

Dani dijo...

@chose: Gracias!! Un saludo.