Cada mañana se levantaba maldiciendo la suerte que le había tocado vivir. No se planteaba lo que tenía, la suerte acumulada a lo largo de los años. Siempre es más fácil maldecir lo que no se posee, la mirada que nunca se perderá en tus ojos y la realidad que sobrepasa toda la normalidad de una vida rutinaria y aburrida.Aquella mañana todo empezó igual, la rutina se impuso en su devenir hasta que una visita al médico lo cambió todo. Una pared, una puerta, dos frases, una realidad aislada en formol revolucionó su vida. Sin quererlo empezó a maldecirse con rabia contenida. Y no por lo que no tenía si no por no ser capaz de comprender en qué consistía vivir. En vivir. Ni más ni menos.
Y fue en ese momento, cuando más cerca se sentía de la muerte, cuando alguien había decidido poner fecha de caducidad a este sufrimiento cuando se dio cuenta de que no se quería ir... nunca. Porque prefería vivir y poder ver cada mañana su cara somnolienta aunque nunca fuera suya, aunque cada segundo, cada minuto y cada hora que pasara estaba más lejos de él, que irse para siempre sin tenerle en mente cada uno de los segundos de su rutina diaria.
La fotografía que ilustra este texto es obra de Mikel Sastre Morro
2 comentarios:
Me has dejado sin palabras, bro. Tan "sólo" magnífico, maravilloso, evocador,... y me quedo corto.
Vaya maravilla de 12 líneas para reflexionar y darnos cuenta de que la vida puede ser maravillosa...
maravilloso texto, y como dice el comentario de ariba me dejas sim palabras para expresanme, gracias por emplear una foto mia para que acompañe este maravilloso texto
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