¿Uno no es más feliz siendo útil a los demás? De una premisa tan sencilla, bonita y hasta simplista (según quien la diga), el sueco Lasse Hallström consiguió realizar una versión maravillosa de la obra de John Irving, Las normas de la casa de la sidra. Dos horas de película en las que el espectador tiene margen suficiente para disfrutar del paisaje, del espléndido guión y de la evocadora banda sonora.
Y, mientras saborea todo esto, reflexiona sobre el aborto, la orfandad, las relaciones de pareja, la integración racial, el incesto... y todo sin radicalismos de ningún tipo ni opiniones sesgadas. Es cada uno el que se va formando su propia opinión y las ideas. Una película emotiva que recuerdo haber visto en los ya desaparecidos cines Buñuel hace diez años y que esta noche he vuelto a ver para intentar volver a sentir todo ese torrente de emociones que le hacen sentirse muy vivo a uno.
Buenas noches, príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.
Y, mientras saborea todo esto, reflexiona sobre el aborto, la orfandad, las relaciones de pareja, la integración racial, el incesto... y todo sin radicalismos de ningún tipo ni opiniones sesgadas. Es cada uno el que se va formando su propia opinión y las ideas. Una película emotiva que recuerdo haber visto en los ya desaparecidos cines Buñuel hace diez años y que esta noche he vuelto a ver para intentar volver a sentir todo ese torrente de emociones que le hacen sentirse muy vivo a uno.
Buenas noches, príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.
1 comentario:
tengo que verla, ya te diré
Publicar un comentario