Cada paso que daba sentía una sombra moverse en su espalda, cada cosa que pensaba percibía como si una serie de ideas deambulara por su habitación persiguiéndole. Si entraba en una habitación, una ráfaga de viento le acompañaba; disparaba una fotografía y tenía la sensación de que había alguien más en la imagen; andaba por la calle de noche y notaba como tras las esquinas se escondía algo.Un día, alguien le dijo que lo que le perseguía era la felicidad, que solo tenía que abandonar su pesimismo autodestructor. Un día le alcanzó. No era la felicidad.
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