domingo, 16 de mayo de 2010

¿Vagancia, irresponsabilidad o felicidad?

A veces me da la sensación de que no acabo de decidir por mí mismo, que siempre hay factores que me inclinan a hacer una cosa u otra, dependiendo del momento, de las sensaciones, de los que me rodean, del deber y hasta, alguna vez también, del qué diran. Lo que no sabía es que era al revés, que hago lo que me da la gana y luego busco justificación para quedarme más tranquilo. O al menos eso es lo que dice David Trueba en su artículo semanal en el suplemento Dominical que titula Engáñame, por favor.

"Si fuéramos sinceros con nosotros mismos, sabríamos que hay un montón de cosas que hacemos caprichosamente, porque nos apetece, porque nos da placer. Nos gustan el jabugo, el vino, la cerveza frente al televisor y hasta la pornografía, allá cada uno con sus aficiones. El problema es necesitar que nos lo vendan como saludable y enriquecedor, lleno de proteínas y recomendado por médicos bien pagados por hacer esa labor de propaganda. Así nos quedamos más tranquilos, como si viniera la autoridad a bendecir nuestro hobby. Rascarse la nariz rebaja el colesterol, hacer bricolaje en casa puede causar lesiones musculares y ver los partidos de fútbol por la tele mientras oyes tu emisora de radio favorita activa la capacidad neuronal en los adultos. Una estrategia más para eludir cualquier responsabilidad y amparar nuestras decisiones en una autoridad externa."

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