Casandra, hija de los reyes de Troya, era la sacerdotisa de Apolo, al que le prometió amor eterno a cambio de que le concediera el don de la profecía. Presa de la codicia, una vez que consiguió el poder, rechazó a Apolo. Éste, preso de la ira, le escupió en la boca y le condenó a que sus profecías no serían creídas por nadie... Adivinó la caída de Troya, pero nadie le creyó.Ya en el siglo XXI, quizá alguien me esté avisando y lo que pasa es que no estoy preparado para asumir la verdad que golpea en la cara como una fuerte racha de viento inesperado. O quizá simplemente me agarro a una esperanza y la mitología griega es solo eso, mitología.
La fotografía es de el niño de la espina
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