Uno de los mayores disgustos que me ha dado el nuevo año ha sido ver como rompía en mil pedazos la báscula que tanta ilusión me había hecho cuando me la regaló no se aún quién. Alguien a quien no le he podido ni agradecer su regalo ni pedirle perdón por mi torpeza. Cuando en el suelo estaba rodeado de mil cristales rompí a llorar desesperado. Y no porque hubiera enterrado para siempre a Superman en mi báscula. Así, en un momento, en un segundo estúpido, había roto en mil pedazos la ilusión. Hay veces que me siento un inútil.La fotografía es de Andoni Tebar
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