Una cara amiga que te dedica una sonrisa al punto de la mañana, un qué tal verdadero que espera una respuesta sincera y no una para salir del paso, un sms que se preocupa por si ya ha pasado la tempestad, una mirada furtiva pero cargada de significado, una pregunta que no se formula pero que late cariñosa, una caricia de alegría, cariño o simpatía, un pincho desasosegante, una broma que parte la tensión en dos, un mail aclarador y disculpatorio, un halago merecido (e inmerecido), un favor de responsabilidad, un chiste ridículo que desafía el orden establecido... Supongo que hay muchos gestos que la rutina ha hecho tan cotidianos que parece que no hace falta agradecerlos. Gracias.viernes, 22 de enero de 2010
Rutinas agradecidas
Una cara amiga que te dedica una sonrisa al punto de la mañana, un qué tal verdadero que espera una respuesta sincera y no una para salir del paso, un sms que se preocupa por si ya ha pasado la tempestad, una mirada furtiva pero cargada de significado, una pregunta que no se formula pero que late cariñosa, una caricia de alegría, cariño o simpatía, un pincho desasosegante, una broma que parte la tensión en dos, un mail aclarador y disculpatorio, un halago merecido (e inmerecido), un favor de responsabilidad, un chiste ridículo que desafía el orden establecido... Supongo que hay muchos gestos que la rutina ha hecho tan cotidianos que parece que no hace falta agradecerlos. Gracias.
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