Lo intentaba día tras día y no era capaz de conseguirlo. Siempre acababa la jornada con la sensación de que no había avanzado nada en su objetivo, que todo lo que había hecho no servía para nada y que si algo servía, estaba mal hecho. Y entonces solo lloraba. Entre sollozos soñaba con un mundo ideal en el que no hubiera dolor, en el que todo lo que hiciera le reportara felicidad absoluta, en el que nadie prejuzgara por el simple hecho de sentirse superior. Pasaron los meses y una noche volviendo a su casa solitariamente en la oscuridad le pareció ver un duende verde en un escaparate. No, no creía en seres sobrenaturales y menos en los duendes así que lo ignoró.A partir de ese día, noche tras noche el duende le esperaba en el mismo portal, aburrido pero tenaz. No iba a desaparecer hasta que ella se percatara de que existía, que no era una alucinación. Un día ella se paró, lo miró y se sentó a su lado. Habló con él de lo divino y de lo humano, de lo inútil que se sentía, de lo poco valorada que creía que estaba. Él la escuchó, se atrevió a cogerle de la mano y hasta le dio un abrazo por grotesca que pareciera la escena (¡una chica con un miniduende verde!).
Las cosas cambiaron. Empezaron a ir mejor y eso que este duende no tenía poderes mágicos. Ya no le preocupaba tanto lo que pensaran los demás porque ella tenía a su duende, con el que compartir momentos y con el que desahogarse. Las penas compartidas parecen menos penas. Hasta que un día el duende desapareció. Una noche no estaba en su escaparate, al día siguiente tampoco, ni al otro, ni al otro...
Volvieron los malos ratos, los malos sentimientos y los malos augurios. Meses después, ella se suicidó. Todo se había acabado. No aguantaba esta vida en la que todo el mundo va en soledad sin pararse a percatar en lo que piensan los demás. Allá donde fuera se reencontró con el duende y entonces se dio cuenta de que estaba viva y de que todo lo vivido no era más que un sueño, una pesadilla que no le había pasado a ella, si no a la que habita otro lado de su espejo. Y no pudo más que sonreír. Cogió el teléfono, habló con sus amigos y empezó felizmente un nuevo día. La vida, al fin y al cabo, no es tan complicada si cuentas con la fortaleza de los amigos y la gente que te quiere.
1 comentario:
Si no fuera por la gente que te rodea habría semanas que no merecería la pena que existieran...
Pero ya sabes, por muy jodido que sea el presente, éste está forjando un futuro grandioso porque la mayoría no somos tan malos...
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