Me encanta oír a los políticos de turno decir que vivimos una nueva realidad (y no, no me refiero a la crisis que sí, también es una nueva realidad aunque a esa solo nos adaptamos los de siempre), que la emigración es un fenómeno que ha cambiado la realidad de la población. Curiosamente, si bien la población nos hemos ido adaptando a las nuevas culturas que vienen, desde arriba no parece que hagan nada. Y me refiero al mundo de la cultura. No se ven muchos emigrantes (por no decir ninguno) en el cine, en el teatro, en los conciertos, en los actos culturales, en definitiva. Y siempre se achaca a lo mismo, a que no tienen dinero. ¿De verdad nos creemos esta afirmación tan boba?Si miramos, por ejemplo, la cartelera de los teatros de hace veinte años y la de ahora se está ofertando el mismo tipo de espectáculos teatrales, se proyectan las mismas películas (en su mayoría superproducciones de Estados Unidos aunque es cierto que aquí la tendencia está cambiando) y los conciertos rara vez vuelven su mirada hacia artistas minoritarios (no todos porque Youssou N´Dour es de todo menos secundario) pero que son del agrado de los emigrantes africanos, rumanos o turcos (por hablar de tres nacionalidades). Quizá sea esta una de las razones por la que la comunidad de emigrantes siga alejada ahora mismo del hábito cultural de nuestro país, y de Occidente en general. Pónganse las pilas, gobernantes y gestores culturales, que en cultura también hay que volver la mirada a las comunidades emigrantes que cada vez son mayoría. Abran sus mentes. ¿A que nadie duda de que un concierto de Nicolae Guta estaría lleno y en su mayoría serían rumanos? ¿O de que un concierto de Youssou N'dour congrega a buena parte de la colonia africana en nuestro país? No sigamos marginando al emigrante de la cultura con la simple excusa de que no tienen dinero.
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