sábado, 9 de mayo de 2009

El dia que conocí a Juan Gelman

El día que conocí a Juan Gelman le acababan de dar el premio Cervantes (29 de noviembre del 2007) y por cuestiones laborales me dispuse a enterarme un poco de quién diantres (entonces lo pensaba así) era este argentino del que no había oído hablar en mi vida. Y encontré este maravilloso texto escrito por José Asenjo, de la agencia Efe:

"El hombre que hace ahora justo siete años -también era noviembre- esperaba en un incómodo banco de madera del pasillo de un feo edificio del centro de Madrid a que un funcionario pronunciara su nombre no era aún premio Cervantes. Ese día ni siquiera era poeta.

Era el abuelo de una nieta recién recuperada, el padre de un hijo asesinado, el suegro de una nuera desaparecida. Era otro argentino que había sufrido en sus carnes, pero sobre todo en la carne de sus seres más queridos, los crímenes de las Juntas Militares que señorearon su país entre 1976 y 1983.

Así conocí a Juan Gelman. En la segunda planta de la Audiencia Nacional. Esperando, como un testigo más, su turno para declarar en el Juzgado de Baltasar Garzón.

No le llamaban. Y los periodistas, que no sabíamos quién era -'es Juan Gelman, un gran poeta', nos advertía el abogado Carlos Slepoy-, le pedimos que nos contara su historia mientras esperaba. Así ganamos tiempo, pensamos.

Nos la contó. Nos contó cómo tardó trece años en encontrar los restos de su hijo, asesinado después de ser secuestrado por los militares argentinos en 1976, y cómo su nuera Claudia -hija de españoles- fue trasladada al centro clandestino de detención Automotores Orletti cuando tenía 19 años y estaba embarazada.

Nos contó cómo desde allí, y cuando sólo faltaba un mes para que diera a luz, Claudia fue llevaba a una cárcel clandestina de Montevideo (Uruguay) y conducida a un hospital militar, donde nació su nieta.

Y nos contó cómo Claudia fue asesinada por militares uruguayos a finales de diciembre de 1976, y cómo la niña fue depositada 'en una canastilla' en casa de un policía y su mujer, que se convirtieron en sus padres.

Cuando Gelman acudió a la Audiencia Nacional, hacía ya un tiempo que se había reencontrado con su nieta -que entonces tenía 24 años- y mantenía una relación normal con ella.

No había sido fácil. Tuvo que pedir al presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, que hiciera las gestiones necesarias para localizarla. Lo hizo por carta. Fue la carta de un abuelo, no la de un poeta, pero se permitió recordar algo a su destinatario: 'el silencio sobre el crimen lo prolonga'.

'¿Y cómo es su nieta?', preguntó alguien; y Gelman contestó: 'una muchacha valiente, que quiso enfrentar la historia de su vida a pesar de lo complicado que era para ella, porque quiso mucho a su padre de crianza'.

Podía haber parado ahí, pero añadió: 'Y fue muy querida por él'.

No hubo más preguntas. Los restos de su hijo habían aparecido en un bidón de cemento y su nuera había sido asesinada con sólo 19 años después de ser utilizada como 'envase' -él empleó esa palabra- de un niño que ya estaba adjudicado de antemano a una familia afín a la dictadura, pero Gelman no tuvo reparo en reconocer a sus enemigos la capacidad de amar.

Creo recordar que aquel día el poeta no fue recibido por Garzón y que hizo su declaración ante la secretaria del Juzgado. Le bastó. Se trataba de romper el silencio que prolonga los crímenes."

Gelman y su nieta, Macarena.

Maravilloso perfil de un hombre que tuvo que luchar por conocer a su nieto y por saber qué hicieron con sus hijos. Me permito añadir un texto que el mismo Gelman publicó en 1995, una carta abierta a su nieto (por entonces no sabía ni su sexo) :

"Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste...

Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije."

Y de un hombre que lucha contra tantas cosas y con esa capacidad de amar surgen poemas como Gotán, que a continuación reproduzco:

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

Acérquense a la obra de Juan Gelman. No se arrepentirán.

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