Nunca le había sonreído la vida. Era un chico tímido, retraído en exceso y no era guapo, por no decir que era feo. No había probado nunca a qué sabían los labios de una mujer pero cada noche soñaba con ella. Apenas tenía amigos y tampoco a nadie al que contar que esa chica se había convertido casi en una obsesión.Por casualidad, un día consiguió su número de teléfono. Y se pasó tardes y tardes con el móvil en la mano a punto de mandarle un sms. Un día, chateando por internet, de repente, reunió el valor, cogió el móvil y le escribió el sms más bonito que nunca había concebido, ni siquiera imaginado... En él le pedía una cita.
Ella se resistió al principio pero luego aceptó a quedar con él casi por compasión. Y sucedió el milagro. La timidez dejó de ser tal y, sin saber cómo, a una gracia le siguió otra y ella acabó por aceptar el beso en los labios que él le llevaba intentando robar desde que la conocía. Aquella noche en su casa sintió por primera vez en la vida que era feliz. Poco más se podía decir.
Al día siguiente, se levantó, repitió la rutina de cada día pero, contento, todo parecía diferente. Llegó al instituto sonríendo, entró en su clase y allí estaba ella pero no como la recordaba. Rodeada de su grupo de amigos no dudó en señalarle riéndose y burlándose de él, del sueño que él creía haber cumplido la noche anterior, mientras imitaba su beso inexperto y atemorizado.
La fotografía que ilustra este texto es obra de elduendedelparque
1 comentario:
Simplemente magnífico. Triste, pero real y encantador. Me gusta.
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