--Tenemos que dejarlo. No me llenas ni intelectual, ni sentimental ni físicamente.--Bueno, pero, ¿y en el resto?
(Bananas, de Woody Allen)
Todas las noches cuando se acostaba estaba con ella. Acercaba su boca poco a poco a la de ella, tímidamente, con miedo, y sus labios se quedaban a dos centímetros de su boca como esperando a que pasara algo que las uniera, que dejara morir ese aire que circulaba jugetonamente entre ellos.
En ese eterno momento se miraban, o eso parecía, él con su cara de pena, ella con una cara que él nunca sabía interpretar. Entonces él acercaba más su boca y cuando empezaba a rozar los labios de ella, cuando creía que el paraíso estaba abriendo sus puertas, se difuminaba su imagen. En ese momento, él siempre imaginaba a qué sabrían sus besos y si serían como él siempre los había soñado. Y se lamentaba de no encontrar qué estaba haciendo mal...
En ese eterno momento se miraban, o eso parecía, él con su cara de pena, ella con una cara que él nunca sabía interpretar. Entonces él acercaba más su boca y cuando empezaba a rozar los labios de ella, cuando creía que el paraíso estaba abriendo sus puertas, se difuminaba su imagen. En ese momento, él siempre imaginaba a qué sabrían sus besos y si serían como él siempre los había soñado. Y se lamentaba de no encontrar qué estaba haciendo mal...
1 comentario:
me han pillado tan de golpe y a traición esas palabras con sabor a conocido... que casi me pongo a llorar...
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