Porque las promesas nunca valen nada si se pronuncian en momentos que nunca se repetirán, porque nunca reviven historias olvidadas más allá de un segundo perdido en una noche cualquiera, porque las despedidas siempre son amargas aunque sean un hasta luego, porque quiero creer en algo que se siente aunque no se vea, porque me gusta soñar con los ojos abiertos (y cerrados)... ¡Reinventemos el mundo!
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario