viernes, 4 de septiembre de 2009

Rutinas rotas

Lo veía cada noche desde su ventana. Como si de su propio teatro se tratara en sus noches de insomnio escudriñaba desde su apartamento como preparaba la cama para acostarse, como cogía el pijama del armario y, sin ningún tipo de pudor, se desnudaba con la ignorancia de que una mujer le observaba desde el edificio de enfrente. Ella estuvo observándole durante años. Nunca le vio acompañado. Se llegó a sentir tan identificada con las rutinas de él y con su cuerpo desnudo que empezó a sufrir por su soledad. Sin embargo, no parecía que él sufriera mucho. Nunca le vio un gesto de tristeza ni una lágrima derramada. Quizá, pensaba ella, él había elegido a la soledad y no al revés.

Una noche, se asomó a la ventana y, justo en el momento en el que su vecino apagaba la luz con su desnudez, le pareció ver el cuerpo de una hermosa mujer. Al día siguiente, el ritual se repitió, la mujer ya no estaba. Él, antes de apagar la luz, rompió a llorar en el borde de la cama.

La fotografía que ilustra este texto es obra de dayangchi

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