"A causa de la crisis financiera en que nos hemos visto sumergidos, el número de parados ha crecido de una manera angustiosa. En España venía denunciándose desde hace muchos años atrás la dependencia enfermiza de sectores como la construcción y la excesiva permisividad con los brutales beneficios empresariales a costa de recortes laborales. Lo que entonces nos parecía sólo síntoma de la buena salud resultó esconder un crecimiento con chepa y todo tipo de deformaciones, que ahora nos convierten en jorobados, por no decir una palabra peor sonantes. Como todos sabemos que tendremos que bregar con lo que venga sin demasiada ayuda de los responsables universales, vamos tirando sin demasiado pánico. Lo cual es toda una lección de humanidad.Los cacareados planes del Gobierno para fomentar el empleo o más bien para mantener una ficción de empleo son bien visibles. Tenemos casi todas nuestras ciudades levantadas y donde no están reformando una avenida están haciendo un puente y, si les dejan, cambiando de sitio una fuente pública para ponerla vuelta del revés en otra plaza. El caso es mover el dinero público hacia las grandes empresas de construcción, que siguen beneficiándose de unos márgenes enormes, a cambio de mantener en sus puestos de trabajo a la mayor cantidad de gente posible. Pero, aunque la estrategia es eficaz, carece de una cualidad imprescindible: futuro. ¿Hasta cuándo vamos a pagar la piqueta con nuestras reservas económicas? A menudo uno se pregunta si no traería más cuenta haber inventado un plan nacional por el cual se obligara a toda población de más de 5.000 habitantes a tener orquesta sinfónica, así también habríamos dado trabajo a todos los violinistas y trombonistas del país y en lugar de ruido de perforadoras al menos tendríamos Fa sostenidos. Por la misma lógica podríamos haber dividido cada clase en las escuelas en dos grupos y haber multiplicado el profesorado; de este modo nos garantizaríamos una mejor educada generación futura y una demanda de puestos de trabajo de cierta cualificación. Pero no ha ido por ahí. El dinero siempre va para los mismos.
En ciertos estados de Norteamérica, donde las organizaciones laborales aún poseen una fuerza enorme, desde hace años se mira con lupa toda reducción de trabajadores a costa del mito del self service. El hágalo usted mismo ha mandado al paro a un montón de gente y ha convertido al consumidor en camarero, gasolinero, recogedor de basura y hasta botones, sin que jamás hubiéramos aspirado a ello. En un país con cuatro millones de parados, ¿quién no se ha preguntado más de una vez qué coño hago yo sirviéndome la ensalada o poniéndome la gasolina o cobrándome el precio de cualquier compra o careciendo de cualquier asistencia personalizada bajo el logotipo de alguna de esas empresas que cada año facturan millones en beneficios? Podría ser éste un buen momento para limitar el self service y permitirlo tan sólo en aquellos casos en los que la empresa no tiene otra forma de obtener algún beneficio, pero me temo que el falso liberalismo nos arrastra, nos patea en el culo y además nos da lecciones de moral. Así que, aunque todos aparenten estar muy preocupados por el empleo, en realidad sólo disimulan y siguen mirando para otro lado."
El empleo, de David Trueba
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