jueves, 24 de septiembre de 2009

Camino al infierno

Entre 1976 y 1983, más de 30.000 argentinos desaparecieron de la mano de la dictadura de Videla mientras el resto del mundo poco más que miraba hacia otro lado. Se dieron situaciones tan vergonzosas como que mientras en un estadio de fútbol de la capital argentina se celebraba la final del Mundial del 78, comprado vilmente por el régimen de Videla para que su selección se impusiera, a escasos kilómetros, otro campo de fútbol estaba convertido en un Centro Clandestino de Detenciones.

Los afortunados eran torturados y, posteriormente, blanqueados (se hacía pública su detención y pasaban a cumplir condena en la cárcel) o liberados. Los menos (la mayoría) eran asesinados y ocultados. Dejaban de existir. Y una manera cruel y vil de hacerlo era a través de los vuelos de la muerte. Los subían a un avión, los drogaban y en medio del mar, los arrojaban. Nunca más se sabía de ellos.

Uno de esos valientes pilotos era Julio Alberto Poch, que acaba de ser detenido en Valencia. Para él, toda aquella limpieza estaba justificada: "Eran terroristas de izquierdas y no sufrían porque estaban drogados". Su catadura moral y ética queda más que explicada. Supongo que para él no eran vuelos de la muerte aunque prefiero no saber que, en su opinión, no eran más que vuelos comerciales con mercancía que entregar en su destino. Ojalá se pudran en la cárcel él y todos los que auspiciaron, permitieron, colaboraron o simplemente silenciaron cada una de las desapariciones que se produjeron.

Aquí en España no hubo vuelos de la muerte pero violencia y desapariciones no faltaron. Y todavía estamos discutiendo sobre si podemos exhumar o no las fosas de los asesinados vilmente en los años negros de este país. Algo que se debería haber permitido hacer hace muchísimos años. Basta ya de leyes de amnistía.

No hay comentarios: